Libro sobre Manuel de Lima

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Ha sido publicado recientemente un libro sobre un personaje casi desconocido de la historia chilena, pero que tiene mucha trascendencia en factores que serán determinantes en el desarrollo del libre pensamiento y la laicidad en este país. En virtud de ello, hemos formulado las siguientes preguntas a su autor, Manuel Romo (manuel.romo@gmail.com), uno de los historiadores que ha hecho un trabajo sistemático de investigación sobre la historia de la masonería chilena, y que divulga a través de la publicación “Archivo Masónico”.

Su autor nos responde las siguientes preguntas: 

¿Quién fue Manuel de Lima?

Manuel de Lima llegó a Chile siendo un joven comerciante de 27 años de edad. La vida le sonreía, pues llegaba como socio de una empresa de capitales alemanes a instalarse en la pujante ciudad de Valparaíso, cuyo puerto era el primero de importancia al que recalaban los barcos y los viajeros procedentes de Europa. Natural de la isla antillana de Curazao, había vivido en Caracas, donde hizo sus primeras armas en el comercio, y durante un año en Hamburgo. A Chile arribó en 1845 y permaneció en nuestro país hasta el día de su muerte, en 1909. En 1865 dejó el mundo del comercio tras comprar un trapiche en San Felipe de Aconcagua y abocarse, a partir de entonces, a la minería.

 

¿Cuál es la importancia que tuvo en Chile?

Manuel de Lima es considerado el fundador de la Masonería en Chile. Hay que aclarar, y así lo dice también De Lima en una carta que le dirige al Gran Oriente de Francia, que en Chile habíamos tenido Logias masónicas en la época de la Independencia, pero que ellas habían terminado convertidas en clubes políticos, con lo que se habían desprestigiado. Luego vino la reacción conservadora y, tras la batalla de Lircay, desapareció todo vestigio de Masonería y de liberalismo. La importancia de Manuel de Lima, entonces, es que en 1853 fundó una Logia integrada por chilenos y extranjeros, pero en la que se hablaba en castellano, a diferencia de las otras dos logias formadas por la misma época en las que los idiomas eran el francés y el inglés. La Logia que creó, llamada Unión Fraternal, en 1862 invitó a la Logia que existía en Concepción y a la que se había fundado en Copiapó para unirse, constituyendo una asociación, conocida como Gran Logia. Esta institución, que reconoce a Manuel de Lima como el fundador de la Orden, hoy tiene un prestigio bien ganado en el mundo y cuenta con 232 Logias en el país.

¿Por qué se interesó en escribir este libro?

Hay tres libros que previamente se dedicaron a contar la vida de Manuel de Lima, pero hubo aspectos que no abordaron o que trataron con poca profundidad. Este libro, que recoge los resultados de una investigación que se extendió por trece años, da una visión exhaustiva de aquella. Inicia con su nacimiento en la comunidad judía de Curazao, su aprendizaje como comerciante en Caracas, su primer negocio en Hamburgo, su empresa en Valparaíso, su rol como representante de un capitalista de este puerto ante las fuerzas revolucionarias peruanas, como administrador de minas en Vallenar y Caracoles y el casi medio siglo que vivió en San Felipe. Además, hay que considerar que estuvo entre los fundadores del primer cuerpo de bomberos voluntarios creado en Chile. En la medida en que iba encontrando más y más información sobre su vida, más interés tenía en contarla. Tuve la suerte, además, de contactar a descendientes de Manuel de Lima, quienes se manifestaron muy interesados en conocer detalles de la vida de este antepasado de quien sabían que había cumplido un rol de importancia para la historia de Chile, pero cuyos pormenores ignoraban.

¿Hay un legado que rescatar de Manuel de Lima?

Sí. Dejó un legado para la Masonería, pues se mantuvo fiel a los principios masónicos hasta su muerte. En la medida que pudo, ayudó a la administración de la Gran Logia de Chile como Segundo Gran Vigilante, Gran Secretario pro témpore y presidente de la Comisión de Ritos. Tuvo un rol muy activo en la creación de la primera Logia creada en Santiago, en 1864, y fue el fundador de la Logia de San Felipe, en 1908, un año antes de morir a los 90 años de edad. Esta Logia quiso honrarlo, porque era ejemplo para los masones aconcagüinos, tomando su nombre como distintivo, pero el anciano declinó ese tremendo honor y pidió que fuese llamada Patria y Libertad, pues patria era lo que había encontrado en nuestra tierra y libertad porque era lo que consideraba esencial para la felicidad de los seres humanos. 

 

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