Preocupación ante conductas protestantes

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La preocupación de los católicos por la creciente presencia de los grupos evangélicos ha comenzado a ser motivo de debate en círculos de reflexión intelectual más lúcidos que los habitualmente tradicionalistas que dominan los roles de la iglesia.

 

A través de la página web de Radio Cooperativa, el pasado 21 de noviembre, Daniela Aceituno, integrante del Observatorio Iglesia y Sociedad y de Acción Ecuménica contra la Violencia hacia las Mujeres y Docente de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica Silva Henríquez, en una columna de opinión

ponía acento en que  “el 2016 será recordado como el año en el que se mostró con mayor visibilidad el discurso evangélico. La discusión de los proyectos de aborto por tres causales y de identidad de género, la puesta en marcha de los Acuerdos de Unión Civil, el debate sobre el matrimonio homosexual y posible legalización de ciertas drogas, generó un contundente llamado de atención de parte de algunos pastores y líderes cristianos”.

“Proliferaron actividades como la “Celebración por la vida” y “Marcha por Jesús” y se conformó el autodenominado movimiento social “Por un Chile para Cristo” – señaló el su columna. – En el contexto de las elecciones municipales, pastores evangélicos exhortaron a sus fieles a votar por aquellos/as candidatos/as que representaban de mejor manera los intereses de sus congregaciones”.

“La libertad religiosa – agregó – está limitada por el reconocimiento y ejercicio de los derechos o libertades de los/as demás, quedando prohibidas lasinjerencias arbitrarias o ilegales, los ataques a la honra y reputación, el odio, la discriminación y la hostilidad”.

“Desde esta perspectiva, las personas, colectivos e instituciones tienen la obligación de respetar los derechos para todas las personas sin discriminación. Una cultura de derechos humanos se construye en la medida que somos capaces de desnaturalizar malas prácticas que se juegan en nuestra convivencia humana”.

Las preocupaciones de Daniela Aceituno la hemos tenido e dentro del pensamiento laico chileno históricamente respecto de las conductas de los actores del confesionalismo católico, que han hecho lo mismo que ahora está haciendo el confesionalismo protestante.

En ese contexto convendría abrir una reflexión entre el pensamiento laico y aquellas personas de pensamiento religioso no confesionalista, para apuntar a   una nueva legislación sobre cultos y sus expresiones extra-religiosas.

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