Hacia un juventud laica y republicana

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Columna de Opinión

Hacia una juventud laica y republicana

Fabio Salinas

Siempre se dice que los jóvenes son el futuro de la Patria, que en sus manos se depositan nuestros destinos.

Pero esta  importancia capital no se ve reflejada en las políticas públicas. Quienes trabajamos permanentemente con jóvenes entendemos la importancia de que el Estado de Chile fije una política nacional de juventud a todo nivel. En la actualidad identificamos varias debilidades en esta materia, y pretendo repasarlas de manera sucinta.

A nivel educacional, la juventud desconoce en gran medida el real sentido de los Derechos Humanos, los deberes inherentes a la ciudadanía y ciertas nociones básicas de ciencia que les permitan comprender las grandes cuestiones de nuestra era. Sobre este último punto pienso en una reciente noticia divulgada en medios nacionales sobre declaraciones del astrofísico Stephen Hawking, cuyo titular lo citaba diciendo que “no tiene sentido preguntarse por qué había antes del Big Bang”. Las reacciones a la noticia evidenciaban la grave ignorancia de muchos jóvenes, que se mostraban indignados por lo que, a primera vista, entendían como una soberbia del connotado científico.

El Estado a través de sus instituciones, incluyendo Televisión Nacional, podrían esforzarse un poco en explicar que no hay “un antes” del Big Bang, pues ahí nace tanto el espacio como el tiempo. Este sencillo ejemplo basta para comprender la profunda dejación de nuestro país para con la formación de nuestros jóvenes, y no necesito mentar los peligros de abandonar el proyecto de la modernidad y dejar que las nuevas generaciones crezcan aprendiendo del tarot y de las prédicas esquizofrénicas de las sectas religiosas.

A nivel político, nuestra legislación sigue dejando fuera de la “cosa pública” a miles de jóvenes de entre 14 y 18 años que, totalmente facultados de discernimiento (como asegura la misma Ley de Responsabilidad Penal Adolescente y un sinnúmero de otras legislaciones), no pueden votar en las elecciones.

¿Cómo pretendemos superar los altos niveles de abstención electoral si “el futuro de Chile” crece sabiendo más de pokemones que civismo? ¿A qué estamos esperando para adecuar nuestras leyes a las nuevas condiciones del siglo XXI y abrir las puertas de la República a nuestros jóvenes? No hay mejor aprendizaje cívico que incorporarse a temprana edad a los debates de la Nación.

Si Chile no aborda prontamente estas materias los ciudadanos del mañana estarán totalmente contaminados por el flagelo de la xenofobia, el fanatismo religioso, la indiferencia política y el individualismo, pandemias que ya asolan a buena parte de la Tierra. Tomémonos enserio el futuro de nuestra República y apliquemos todas las medidas necesarias en pro de los justos valores del laicismo y la modernidad.

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