Dioses del mañana

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Sapere Aude – Rogelio Rodríguez

Dioses del mañana

En este segundo libro del historiador israelí y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Yuval Noah Harari, (el primero que conocimos fue De animales a dioses), su mirada va desde el pasado al porvenir.

En el inicio del tercer milenio – a su juicio- hemos conseguido poner bajo control la hambruna, la peste y la guerra, tres enormes flagelos que azotaron a la humanidad durante siglos, desde las antiguas civilizaciones, pasando por el medioevo hasta prácticamente entrada la primera mitad del siglo XX.

Escribe: “Desde luego, estos problemas no se han resuelto por completo, pero han dejado de ser fuerzas de la naturaleza incomprensibles e incontrolables para transformarse en retos manejables. No necesitamos rezar a ningún dios ni a ningún santo para que nos salve de ellos.  Sabemos muy bien lo que es necesario hacer para impedir el hambre, la peste y la guerra… y generalmente lo hacemos con éxito”.

Por cierto, todavía hay focos en algunas zonas del planeta (más, por cierto, de lo que sería deseable) donde la gente sigue muriendo a causa del hambre, las epidemias y la violencia. Sin embargo, Harari afirma que a escala universal hoy día mueren más personas por comer demasiado que por comer demasiado poco, más por vejez que por enfermedades infecciosas, y más por suicidio que por asesinato a manos de la suma de militares, terroristas y criminales.

Durante los últimos cien años, los avances científicos, tecnológicos, económicos y políticos han creado una red de seguridad cada vez más amplia y robusta que aleja a la humanidad del umbral biológico de la miseria, que la acerca a tratamientos médicos sumamente eficaces frente a las enfermedades infecciosas y que hace desaparecer las guerras entre naciones a partir de cada vez más verdaderas y fecundas iniciativas de paz.

Reducida la incidencia del hambre, la peste y la guerra ¿qué ocupará en el mañana su lugar en la agenda humana? ¿Por qué luchará la humanidad? Para Yuval Noah Harari, los próximos objetivos de la humanidad serán conquistar la inmortalidad, la felicidad y la divinidad.

Después de luchar contra el hambre y las enfermedades  –y lograr vencerlas, a nivel general–,  los seres humanos se dedicarán a combatir contra la vejez y la muerte.  El acelerado desarrollo de la ingeniería genética, la medicina regenerativa y la nanotecnología fomentan profecías de lo más optimistas, como la de algunos expertos que sostienen que los humanos vencerán a la muerte hacia el año 2200. Nuestro autor, sin embargo, aconseja objetivos más modestos, como doblar la esperanza de vida.  Señala que en este siglo XXI deberíamos ya ser capaces de vivir, en promedio, hasta los 150 años. No es alcanzar la inmortalidad, pero esto implicaría una revolución de la sociedad humana.

El segundo gran proyecto de la agenda humana será encontrar la clave de la felicidad.  Según la ciencia, nuestra dicha viene determinada por nuestro sistema bioquímico, de manera que para lograr un contento duradero se necesita manipular este sistema.  La creciente ingesta de medicamentos psiquiátricos por parte de una porción considerable de la población humana ya ha abierto el camino en ese sentido.  El consumo de alcohol, tabaco y drogas también contribuye a la búsqueda constante del placer.  Señala nuestro autor:  “El Estado confía en regular la búsqueda bioquímica de la felicidad, al separar las “malas” manipulaciones de las “buenas”. El principio está claro: las manipulaciones bioquímicas que refuerzan la estabilidad política, el orden social y el crecimiento económico se permiten e incluso se fomentan (por ejemplo, las manipulaciones que calman a los niños hiperactivos en la escuela o que hacen avanzar a los soldados en la batalla). Las manipulaciones que amenazan la estabilidad y el crecimiento se prohíben.  Pero cada año nacen nuevas drogas en los laboratorios de investigación de universidades, compañías farmacéuticas y organizaciones criminales, y también cambian las necesidades del Estado y del mercado.  A medida que la búsqueda bioquímica de la felicidad se acelere, remodelará la política, la sociedad y la economía, y será cada vez más difícil controlarla”.

Y se trabaja además en otros modos de manipular la bioquímica humana en los laboratorios científicos: en el envío de estímulos eléctricos directos a puntos específicos del cerebro y en la modificación genética de la organización de nuestro cuerpo. En nuestra época, se remodela ya al ser humano para que goce del placer perpetuo.

Al perseguir la dicha y la inmortalidad, dejaremos de ser meramente humanos y ascenderemos a la categoría de dioses, nos asegura finalmente Harari.  A partir de nuevos y sorprendentes conocimientos científicos (en bioquímica, ingeniería genética e ingeniería cíborg, por ejemplo), seremos capaces de manipular nuestros órganos, nuestras emociones y nuestra inteligencia de múltiples maneras.

Así, pues, esta “breve historia del mañana” que nos presenta nuestro autor  –en páginas estimulantes y atrayentes, plenas de información proveniente de diversos ámbitos científicos, sociales y políticos, y cautivantes al mezclar la más lúcida reflexión con la imaginación más viva–  nos invita a ser testigos de un nuevo paso en la evolución de la humanidad: la conversión de Homo Sapiens en Homo Deus.

HOMO DEUS. BREVE HISTORIA DEL MAÑANA, de Yuval Noah Harari.  Editorial Debate, Penguin Random House, Santiago de Chile, 2016.   [490 págs.]

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