Trump y la guerra antiterrorista

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Columna de Opinión

Trump y la guerra antiterrorista

Sylvie R. Moulin

Falta muy poco para que Donald Trump entre a la Casa Blanca, y a medida que se acerca la fecha, aumenta la preocupación generada por su actitud casual y sus conclusiones apresuradas frente a eventos capaces de perturbar la estabilidad mundial.

Por supuesto, no hay ley que prohíba a los presidentes electos, aunque no hayan oficialmente asumido sus funciones, mandar mensajes por redes de microblogging. Sin embargo, se supone que dichos mandatarios tienen la sensatez de templar sus intercambios, o si son incapaces de hacerlo, que algún consejero tome la decisión de filtrar sus publicaciones y revisar la formulación adoptada.

En los últimos días, la prensa europea de todas tendencias ha sido marcada por la asociación que hizo Trump entre atentados y conflictos religiosos, algo poco diplomático, por decirlo así, cuando la mayoría de los dirigentes occidentales tratan de mantener un discurso más cuerdo y no echar leña al fuego.

Cuando todavía quedaban muchos incognitos sobre la matanza de la semana pasada en Berlín, antes de que se liberara a un sospechoso pakistaní y que el grupo Estado Islámico reivindicara el atentado, Trump “twitteaba” alegremente sobre lo que considera como una guerra de religión a nivel mundial.

Con el mismo tono, comentó el asesinato del embajador ruso en Turquía, evento todavía más borroso, y el tiroteo ocurrido en Zurich en un centro religioso islámico – el autor del cual era en realidad un desequilibrado adepta de las ciencias ocultas que se suicidó poco después.

Queda obvio que Trump quiere, con este discurso, marcar un cambio radical con respecto a la actitud del presidente saliente, ya que identifica el extremismo con el Islam, mientras Obama siempre ha subrayado que dicho extremismo no representa ni se puede asociar con ninguna religión en particular. Recordemos que entre los discursos delirantes de su campaña, Trump declaró que quería prohibir la entrada a los EEUU a cualquier musulmán “hasta que se aclarara la situación”.

Sus consejeros también alimentan esta exaltación: Michael Flynn definió en algún momento el Islam como una “ideología política” y “un cáncer insidioso que debe ser extirpado”, mientras Steve Bannon ha reiterado desde 2014 que el mundo occidental debe lanzarse en una guerra contra el “fascismo yihadista islámico”. En fin, si Trump amaina en algún momento, su séquito se encargará de reanimar su entusiasmo.

Mientras tanto, feliz con su cuenta Twitter como si no tuviera conciencia del cargo que está a punto de asumir, Donald Trump lanzó, después de cada acontecimiento, y antes de tener cualquier información concreta, mensajes oponiendo los “ataques terroristas” con “el mundo civilizado” y llamando a una suerte de movilización a nivel internacional (“The civilized world must change thinking”).

De esta manera, aunque siga fiel a la línea de su campaña, Trump se aísla cada vez más de los dirigentes occidentales, y preocupa cada vez más la visión que va a instalar en un par de semanas en la Casa Blanca.

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