Mientras tanto en la tierra de Voltaire

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Columna de Opinión

Mientras tanto, en la tierra de Voltaire…

Sylvie R. Moulin

Estas últimas semanas, Trump ha movilizado las portadas y los canales de noticias, logrando poner millones de manifestantes en las calles y despertando a los humoristas más cáusticos. Entre la rabia, las lágrimas y la risa, nos mantuvo en estado de alerta. El fin de semana pasado, Le Monde titulaba: “Con Trump, América encuentra el lenguaje de la disidencia”, al observar que los movimientos de protesta habían llegado a un punto no alcanzado desde la guerra de Vietnam. 

En aquel artículo, Corine Lesne, corresponsal del cotidiano francés en San Francisco, resumía la situación explicando: “George W. Bush tenía sus oponentes, Trump hizo nacer a resistentes”.

Pero lo que también impacta a más de un analista, es el apoyo incondicional que Trump consigue en Francia por parte de Marine Le Pen y del Front National. Ella siempre se ha declarado un “fan” incondicional del nuevo presidente estadounidense, a punto de ir a tomar un café en la Trump Tower en Nueva York, como las adolescentes que se instalan a acampar frente al edificio de su cantante favorito, con la esperanza de poder tocarlo y conseguir un autógrafo. 

Además, Le Pen cultiva – conscientemente o no – “el estilo Trump”, tanto en sus vociferaciones ofensivas y discriminatorias, como en sus obsesiones que tiende a presentar como recetas milagrosas a todos los malestares del país. En el caso de ella, no se trata de construir muros sino de salir de la Unión Europea y del Euro.

De hecho, Le Pen estuvo reafirmando sin cansancio que quería destruir lo que había sido construido paso a paso durante los últimos setenta años, una obra en la cual Francia desempeñó un rol de protagonista. Más, convirtió la UE en su chivo expiatorio, a punto que parece haber olvidado – al menos por ahora – sus alegatos a favor de la pena de muerte y contra el matrimonio homosexual. En nombre de la protección contra la inmigración, según ellos fuente de todos los males, Trump quiere edificar y Le Pen quiere derribar. En ambos casos, algo nos deja pasmados: la arrogancia y la ignorancia.

Otro punto común entre estos dos energúmenos, ya que además de brillantes se creen chistosos, es que prometen demasiado. Y parece incluso que este “estilo Trump” fascinó tanto a Marine Le Pen, que decidió copiarlo en la formulación de las “soluciones” que ofrece en su campaña. 

Un par de meses atrás, igual que él, empezó a presentarse como la poseedora de la pastilla mágica que resolvería todos los males del país, algo al estilo de los productos milagrosos que en las redes sociales prometen hacer bajar 20 kilos en una semana.

Le Pen ofrece ahora la receta para solucionar todas las dificultades sociales, económicas y culturales de Francia: Matando la Unión Europea. “No es un programa, es una renuncia”, concluía el editorial de Le Monde en la mañana del 6 de enero. Y efectivamente lo es. Abandonar en camino porque algo no funciona, es como transformar el vehículo en chatarra en vez de remplazar la batería muerta, derribar el edificio por unas ventanas rotas, o convertir el traje en trapos en vez de coser un botón.

En este momento, Marine Le Pen provoca mucha preocupación, no solamente en Francia sino fuera de las fronteras. Cuando los constructores de catedrales de la Edad media ya sabían que era necesario reforzar las bases antes de seguir construyendo y no socavarlas, Le Pen se dedica a actuar de manera opuesta, inspirada por su lúgubre amigo norteamericano.

Poco antes de fallecer, el filósofo francés André Glucksmann publicó un ensayo titulado Voltaire contre-attaque (2014), en el cual subrayaba la actualidad de su pensamiento. Voltaire, “europeo” del siglo de las Luces, que se sentía “inglés en Londres y alemán en Alemania”. 

Voltaire, contestatario sin color política, ni creyente ni ateo, defensor de la libertad de expresión, feroz oponente al autoritarismo y al nacionalismo, partidario de la comunicación sin fronteras, y amante de la tolerancia “porque todos somos débiles y propensos al error” (artículo “Tolerancia” del Diccionario filosófico). “Europa será volteriana o no será”, declaraba Glucksmann en una de sus últimas entrevistas para la revista L’Express (02-05-2015). Quizás sería aconsejable que nuestros políticos empiecen también a leer Voltaire y a “cultivar su jardín”, al estilo de Candide, antes de que sea demasiado tarde…

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