The Economist tiene un editorialista tendencioso

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Columna de Opinión

¿“The Economist” tiene un editorialista tendencioso?

Sebastián Jans

Que la guerrilla política tiene sus argumentos, y que todo candidato debe ser atacado por sus contendientes, es normal y parte de un juego político democrático. En ese espacio natural dentro de la sociedad democrática, donde los electores deben decidir con el mayor y mejor conocimiento de causa, las acusaciones de “populismo”, deben ser resueltas en la comprensión de los electores, con el mérito de los argumentos.

Una forma de atacar al candidato presidencial Alejandro Guillier, en la democracia chilena, ha sido calificarlo de “populista”. Ello, sin embargo, no ha hecho mella en quienes le dan un creciente apoyo en las encuestas, donde prima el deseo de recambio de una sociedad cansada de una élite política proclive a la oligarquización.

Pero lo que llama la atención es que un medio extranjero, “The Economist” publicación semanal en lengua inglesa, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales, a la  que muchos presumen de referente de determinadas opiniones consulares, nada menos que en su editorial, es decir en el espacio de posicionamiento del medio y donde se resume su doctrina periodística frente al acontecer noticioso, a guisa del análisis de lo que Trump representa como liderazgo político, señale “Incluso Chile no está inmuneAlejandro Guillier, un ex conductor de televisión que hace alarde de un lazo especial con ‘la gente’, tiene una chance en las elecciones de noviembre”.

 

Desconocemos la trayectoria del editorialista de “The Economist”, pero asombra la opinión tan liviana sobre Guillier, de un medio que se califica de conocer y ser experto en la política internacional, para llegar a expresar una opinión tan ignorante y despectiva del candidato presidencial chileno.

Parece que los prejuicios rondan en su opinión.

Quienes conocemos a Guillier podríamos señalarle, si es que el editorialista es un periodista, que se trata de un colega suyo. Un destacado profesional de las comunicaciones que, no ha sido “conductor de televisión”, sino un conductor de noticias en televisión. La sutileza es importante cuando se trata de analizar una categoría de alcance político. Lo señalamos respetando a los conductores de televisión en su labor profesional.

El aludido es un periodista que ha hecho una carrera profesional destacada, al punto que sus pares lo eligieron en una oportunidad como dirigente gremial. No solo ha trabajado en televisión, sino que dirigió un diario, y fue redactor político de una revista que destacó como medio alternativo al monopolio noticioso proclive bajo la dictadura, y fue jefe de prensa de un canal de televisión.

Debiera saber también el editorialista que, a quien ha aludido con visos despectivos, es un senador de la República, elegido por los electores de una circunscripción electoral, y que tiene una vinculación con la política desde su participación como redactor político en la desaparecida revista “Hoy”, donde no solo contribuyó a la información y la comprensión pública de los procesos políticos chilenos bajo Pinochet, sino también a las convicciones democráticas de quienes estaban privados de ejercer la ciudadanía.

También, el aludido ha desarrollado labores académicas y es conocido por muchos por sus actividades filantrópicas y por una convicción política democrática que, los que le han tratado a través de sus décadas de vinculación política – incluso sus adversarios – , conocen perfectamente.

Sin duda, el editorialista de The Economist está desinformado o ha tomado partido por “la vieja guardia” política chilena, tan desprestigiada ante los ojos de su pueblo. No es Guillier un aparecido en la política y en las tradiciones democráticas del pueblo chileno. Tal vez  The Economist debiera hacer un poco más de periodismo, o tal vez debamos preguntarnos si su editorialista es un simple tendencioso.

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