Falsos ateos

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Sapere Aude  –  Rogelio Rodríguez

 

FALSOS ATEOS

                                                                                               

La lectura de El espejismo de Dios, de Richard Dawkins, es recomendable para toda persona librepensadora y promotora de principios laicos. Su tema central es la alta improbabilidad de la existencia de Dios.

En efecto, Dawkins arremete en estas páginas contra la creencia de que existe una inteligencia sobrenatural que deliberadamente ha diseñado y creado el universo y todo su contenido, incluyéndonos a nosotros los humanos.  A su juicio, cualquier inteligencia creativa, con un grado de complejidad tal que pueda diseñar algo, solo puede existir como producto final de un prolongado proceso de evolución gradual. Las inteligencias creadoras no pueden estar al comienzo de la evolución, sino que necesariamente tardan en llegar al universo y, por lo mismo, no pueden ser responsables de su diseño y, menos, de su creación.  En consecuencia, Dios en el sentido ya definido no es más que un espejismo.

Frente a las interrogantes sobre el origen del universo, de la vida y de la humanidad, no es necesario creer en Dios.  La causa o las causas del origen de lo real deben buscarse a través de la investigación científica. La cosmología, la biología, la física y la química son algunas de las ciencias que permiten  responder, actualmente y desde una perspectiva racional, a las preguntas ¿qué somos? y ¿de dónde venimos?

 

La selección natural darwiniana  – nos muestra Dawkins –  explica de forma clara, limpia y elegante cómo ha evolucionado las especies vivientes: es un proceso acumulativo que ha contado con miles de millones de años para que la vida vaya surgiendo y complejizándose.  Ciertamente, la evolución necesitó un poco de suerte para comenzar, pero esta le fue proporcionada por los billones de planetas que hay en el universo: una minoría de estos le resultaron propensos, es decir, fueron adecuados para que surgiera y floreciera la vida. Y el nuestro, la Tierra, ha sido uno de ellos.  El “diseño”  – esto es, la especulación creacionista –  no funciona como una explicación para la vida, porque no es acumulativo y porque, en buenas cuentas, habría que explicar finalmente cómo y de dónde surge el Diseñador.

Y respecto al origen del cosmos, Dawkins basa sus planteamientos en la teoría del Big Bang, la explosión originaria producida hace cerca de trece billones de años.  Aunque también la más reciente hipótesis científica del Multiuniverso o Megauniverso (la idea de que hay muchos universos coexistiendo como burbujas de espuma) le parece un buen fundamento.

Debemos reconocer que la ciencia no puede, hoy día, dar una respuesta definitiva acerca de la existencia o no existencia de Dios, pero este libro nos revela que sí está en condiciones de decir cosas bastante esclarecedoras sobre su probabilidad. Y, como ya señalábamos, leyéndolo la balanza se inclina fuertemente hacia altos niveles de improbabilidad de su existencia.

La primera edición en español de esta obra de Dawkins apareció en 2007.  Desde 2013 contamos con una nueva edición, esta vez en formato de bolsillo (booket), de la que ya han salido sucesivas impresiones (tengo en mis manos la tercera impresión de diciembre de 2014).  En este libro de tamaño pequeño se anuncia en la portada que es, además, una nueva traducción, lo que es de agradecer, ya que la traducción castellana de la primera edición  – que se hizo, al parecer, muy rápidamente para poder distribuir y vender pronto el libro en el mundo hispanohablante –  dejaba mucho que desear.

Viene una nota del autor a la presente edición.  En ella, Dawkins se refiere a un tipo de reseña desfavorable que comienza con la expresión “Soy ateo, pero…”  Quienes parten argumentando así son falsos ateos que muchas veces muestran más apego a la creencia religiosa que los mismos creyentes. Nuestro autor hace un listado y las va despachando con respuestas agudas y certeras. Un par de ejemplos: “Lo único que haces es predicar a los ya convencidos”: Aunque así fuera, dice Dawkins, el coro de los no creyentes es mayor de lo que se cree. Pero es un coro que no ha salido del clóset y necesita de libros como estos que lo animen a hacerse visible.

Por otro lado, se necesita acrecentar la conciencia de que no debemos ser particularmente respetuosos con la fe.  “Pareces tan fundamentalista como aquellos a quienes criticas”: No hay que confundir pasión con fundamentalismo. La pasión se basa en la evidencia y puede cambiar de opinión; el fundamentalista niega la evidencia y nada le hace cambiar de opinión.  “Soy ateo, pero la gente necesita la religión”: El contenido consolador de una creencia no incrementa su valor de verdad. Pero además, sostiene Dawkins, la gente no necesita una religión, eso es un mito. “Sospecho  – escribe –  que la razón principal por la que mucha gente se aferra a la religión no es el hecho de que sea consoladora, sino porque nuestros sistema educativo es un fraude que ni siquiera le permite percatarse de que no creer es una alternativa”.

 

EL ESPEJISMO DE DIOS, de Richard Dawkins.  Espasa Libros (Colección Booket), Barcelona, 2014.                          

 

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