Homenaje a Salvador Pániker

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Hace 10 días murió Salvador Pániker, destacado filósofo librepensador y laicista español, de origen hindú. Cursó el bachillerato en un colegio de jesuitas y se doctoró en filosofía y en ingeniería. Enseñó filosofía oriental en laUniversidad de Barcelona y fundó y dirigió la editorial Kairós. También fue presidente honorario de la Asociación Derecho a Morir Dignamente de España y fue elegido diputado por la provincia de Barcelona en las elecciones generales españolas de 1977.

Fue un librepensador que creía en Dios. “Esa es, para mí, la faceta más señalada de ese poliedro humano interminable que fue Salvador Pániker”, dice en un homenaje que le realizara ayer el periodista Luis Algorri, en TiempodeHoy.com. “No es fácil entender eso, es verdad. Entendemos que los librepensadores lo son precisamente porque no creen en Dios. Y no es así: un librepensador es el que elige lo que tiene que pensar o, aún mejor, el que llega por sus propios medios, por el uso de su pensamiento, a conclusiones propias y personales. Sean las que sean. Y en el caso de Pániker, el punto de llegada de su librepensamiento fue Dios”.

 

“¿Qué Dios? – se pregunta Algorri. – Yo eso no lo sé. No tengo ni idea de cómo lo llamaba, si es que lo llamaba de algún modo, ni tampoco cómo lo definía, en el caso de que lo hiciese. Sabía de budismo más que nadie que yo conozca, y sobre el Tao podría decirse lo mismo. Pero al hablar sobre Dios, o sobre los dioses, o sobre la religión, soltaba con aquella sonrisa unos sartenazos dialécticos de tal fuerza, de tal sabiduría y belleza, que uno se preguntaba cómo es posible que, después de oírle, existan las religiones organizadas, las jerarquías, las curias, los ministros y pastores, imanes o mulás: los intermediarios entre el hombre y su dios. Aquel hombre que sonreía, que reía y que jamás alzaba la voz argumentaba con una potencia irresistible”.

“¿Un provocador? Eso decían de él, pero yo nunca lo creí. Aquel hereje que tanto escribió sobre misticismo (hay que leer Filosofía y mística,de 1992, que publicó, naturalmente Kairós) sostenía con la mayor educación y cortesía que la recuperación de los valores espirituales solo será posible si llegamos a una sociedad plenamente laica; es decir, completamente secularizada”.

“Esto, que puede parecer –y que seguramente es– un puñetazo en el estómago de las gentes que solemos llamar de orden, era el principio de un discurso lógico asombroso. Pániker distinguía entre las creencias y la fe. Y sostenía que quien profesa una fe no cree, en realidad, en nada, porque la fe, al menos en países como el nuestro, no es casi nunca un asunto personal sino la seña de identidad de una organización; y la propia fe es excluyente, niega a las demás y suele hacerlo violentamente, como bien saben las víctimas del islamismo radical… y bien hemos sabido aquí las víctimas del catolicismo del anciano régimen (no, no es un galicismo: he escrito anciano, y no antiguo, a propósito)”.

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