Un muro argumental con muchos forados

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pell El cardenal australiano George Pell, vivió varios años en la misma casa que Gerald Ridsdale, el abusador en serie de la escuela Saint Alipius en Ballarat. Un centro, calificado por la prensa local como “paraíso de pederastas”, en el que cinco de sus seis profesores fueron relacionados y condenados con casos de abusos. Ambos fueron colegas mucho tiempo. De hecho, Pell le acompañó a testificar en 1993 a uno de los juicios por los que fue condenado a 18 años de cárcel por la violación de hasta 54 menores, recuerda por teléfono Andrew Collins, presidente de la asociación de víctimas de Ballarat..

Es parte del relato que contiene el diario ElPais.com (01/07/17), bajo el título “Las grietas en el muro contra la pederastia”, del periodista Daniel Verdú. La mayoría de vecinos, la Iglesia y la policía callaron. Pero el escándalo ha explotado esta semana en el Vaticano y ha salpicado a su cúpula por primera vez en la historia. El caso reabre el debate sobre el avance real de este Pontificado en la lucha contra la pederastia y las resistencias que encuentra en el camino de la prometida tolerancia cero. 

Ballarat es una pequeña ciudad del Estado australiano de Victoria convertida en un polo religioso del país en los años 70. En ese periodo, sus vecinos vieron prosperar en la Iglesia al talentoso sacerdote George Pell, hoy máximo responsable de las finanzas del Vaticano. El fenómeno coincidió también con una oleada de abusos masivos en colegios y centros religiosos que las asociaciones de víctimas cifran hoy en hasta 4.000 casos.

El cardenal George Pell, consejero directo del papa Francisco, declarará como imputado por presuntos abusos a menores el 18 de julio en Australia, donde oficialmente miles de casos denunciados entre 1980 y 2002 implican al 7% de los sacerdotes del país. Concretametne, señalan fuentes de las asociaciones de víctimas, hay 10 acusaciones distintas, varias de la época en Ballarat

La Santa Sede confía en su cardenal, pero le obliga a testificar pese a alegar desde hace tiempo problemas de salud para no viajar. Su paso por el banquillo, más teniendo en cuenta las múltiples capas con las que conviene analizar los asuntos del Vaticano, constituye una diferencia sustancial con el pasado.

El excardenal Bernard Law, por ejemplo, envuelto en el atroz escándalo de pederastia en Boston, evitó los tribunales y fue nombrado en mayo de 2004 arcipreste de la Iglesia de Santa Maria Maggiore en Roma. El caso Pell, sin embargo, obliga a interrogarse sobre por qué fue nombrado y permaneció hasta el jueves en su puesto – seguirá en excedencia – cuando sus vínculos con aquel periodo eran comprometedores y las acusaciones no cesaban.

Andrew Collins, violado por hasta cuatro personas en aquel periodo en Ballarat, formó parte de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores para aconsejar al Papa sobre la cuestión, sostiene que no se han hecho avances en estos años. Incluso han visto, señalan, rebajar condenas a abusadores.

Marie Collins, prestigiosa activista en favor de las víctimas, se marchó dando un portazo y denunciando las “vergonzosas resistencias” que encontró en la Curia para implementar lo que salía de la comisión. Algunas propuestas, como la creación de un tribunal específico para estos delitos, no prosperaron pese al interés del Papa. Y entre otras cosas, señala a este periódico, que “Pell tendría que haber sido relevado antes”.

Peter Saunders, la segunda víctima seleccionada por el Vaticano para integrar este comité fue invitado a tomarse un descanso tras criticar al cardenal Pell y que no hubiera sido destituido.

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