El retorno del Estado: entre posibilidades y riesgos

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EL RETORNO DEL ESTADO: ENTRE POSIBILIDADES Y RIESGOSfelipe quiroz

Por Felipe Quiroz Arriagada.

La amenaza de una crisis económica mundial debido a la pandemia del Covid 19 se transforma, día a día, en una factibilidad necesaria de afrontar sin adornos ni artificios. Si las personas no asisten a sus puestos de trabajo, un país no prospera; y en el contexto irracionalmente competitivo del neoliberalismo impuesto en el mundo, el país que no prospera en pocos años colapsa.

Pero si las personas van a sus puestos de trabajo se exponen al contagio y, con ello, ni más ni menos que a la muerte. Entonces, ¿de qué manera logramos salir de esta aporía?, ¿cómo se logra el equilibrio entre la prevención del contagio y el mantenimiento de la estabilidad laboral, económica y social?

Si solo se considera lo económico como prioritario, se cometen absurdos como proponer abrir centros comerciales en pleno aumento del contagio. Tal iniciativa resulta incomprensible para gran parte de la ciudadanía, y con justa razón. Similar situación ocurre con el retorno a clases en el sistema escolar, en plena propagación del virus. Si bien es indiscutible que una sociedad requiere mantenerse en movimiento para sobrevivir y prosperar ¿a qué costo lo debe realizar en el actual escenario? Salvar a la sociedad a costa de la sociedad misma: ¿acaso no es el colmo del contrasentido?

Por otra parte, si se asume a la prevención como la única salida al problema, tampoco se logra comprender la complejidad de este. En efecto, el confinamiento absoluto se vuelve una quimera y una contradicción cuando una multitud de personas se tiene que aglomerar en filas para solicitar el seguro de cesantía, o para cobrar su finiquito en las pocas notarías que funcionan en este contexto de crisis. Y con ello se devela, aquí en Chile, el verdadero centro del asunto.

El virus llega al país en la mitad de un estallido social provocado por la precariedad general de la vida, y que se manifiesta, en lo específico, en problemas en la salud, la educación, el sistema de pensiones, la inestabilidad laboral, el ineficiente sistema de transporte, el aumento de la delincuencia y el narcotráfico, el escándalo de la corrupción desatada, entre otros. Ante tal escenario, ¿esperábamos y esperamos aún que ocurra un milagro?, ¿que el virus efectivamente “se vuelva buena persona” y actúe en nuestra nación de manera distinta a como lo ha hecho en todo el mundo? Y, respecto de lo social, si la situación ya era crítica, ¿qué ocurre con los nuevos cesantes que esta crisis genera, en un país con un Estado que no garantiza bienestar, un estado subsidiario? ¿Qué puede esperar el cesante de una sociedad que puso toda su fe en las oportunidades arbitrarias que brinda el mercado, en un contexto en el cual el mercado se ve también en crisis? En efecto, no es la empresa la que puede salvar la situación en estos días, sino que es la empresa la que solicita del Estado la ayuda necesaria para sobrevivir. En el ámbito político, incluso desde voces de la derecha liberal, en Chile se solicita ahora la intervención del Estado para resolver aspectos cotidianos que afectan a la ciudadanía.

Tal cambio en el discurso se posiciona no solamente en el país. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, político defensor de un pragmatismo de centro, señalaba hace un mes que el estado de bienestar “no es un costo ni una carga, sino un bien precioso”. Por supuesto, lo señalado está muy lejos de ser el epitafio del capitalismo. Pero implica, innegablemente, una nueva mirada respecto de la función que debe cumplir el Estado en el tremendamente complejo mundo hipermoderno. O sea, significa una perspectiva que cuestiona, con la cruda e innegable realidad como premisa, el tipo de capitalismo neoliberal.

Volviendo al caso chileno, una vez terminada la crisis epidemiológica nos espera retomar la discusión constituyente. En lo relativo a ello, de realizarse el plebiscito y resultar mayoritaria la opción por una nueva constitución, en cualquiera de los dos escenarios en los cuales esta se redacte, el rol del Estado será un tema ineludible y que tendrá un respaldo mucho mayor del imaginado antes de esta crisis.

Ahora bien, el ser humano tiene la tendencia de creer en paraísos de todo tipo, y pasar de uno a otro en un movimiento pendular. Por ello, será siempre pertinente cuestionar si acaso nuestra renacida creencia en las bondades del Estado no es ciega en lo relativo a los peligros que conlleva, así como hemos sido ciegos sobre los peligros que el sueño neoliberal escondía detrás de su máscara de superficial abundancia. ¿O acaso el Estado, debido a los beneficios que entrega al individuo, deja de ser, por ello, un sistema de control sobre la libertad del mismo, como acertadamente advirtiera Foucault? En efecto, si la desregulación del mercado ha sido siempre un peligro y ahora lo vuelve a constatar el mundo entero, ¿eso nos permite ser inocentes ante los límites que debe tener el Estado en una sociedad auténticamente democrática? ¿Acaso el Estado, por ser garante de beneficios, no está en peligro de ser “el más frío de los monstruos fríos”, al “hacerse pasar por el pueblo”, como señalara Nietzsche? Del ciudadano socialmente comprometido e intelectualmente libre esperemos que sea siempre la última palabra.

Felipe Quiroz

Profesor de Filosofía y Licenciado en Educación de la Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH), Magíster en Educación, mención Currículum e Innovaciones Pedagógicas de la UCSH; Magíster en Psicología Educacional de la Universidad Mayor.

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