Vacunarse es una decisión de responsabilidad compartida.

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Edgardo Hidalgo Callejas

Por Edgardo Hidalgo Callejas

La vacunación corresponde a la última decisión que cada individuo debe tomar en tiempos de pandemia. Antes lo fue la separación social, el uso de mascarilla, evitar las aglomeraciones, no transitar en días de cuarentena, etc.

Desde la aparición del Covid-19 muchas cosas han cambiado  drásticamente: el mundo laboral, el mundo educacional, el mundo social y el religioso, el temor al contagio, todo ya es distinto.

Los corona virus son de muchos tipos, se sabe que algunos causan infecciones respiratorias, que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo y grave (SARS), según lo explica la Organización Mundial de la Salud. El paciente “0” en el mundo fue un hombre de 46 años que enfermó el 20 de diciembre en China. Se hospitalizó el  día 26 y se conoció la  secuencia estructural de su enfermedad el 2 de enero del 2020.

Los informes dicen que el 11 de febrero del 2020 la Organización Mundial de la Salud comunicó que oficialmente se le llamaría Covid-19 a la enfermedad y al virus SARS-CoV-2. La OMS lo describió del siguiente modo: “El virus causa una enfermedad respiratoria como la gripe,  o como la influenza, con diversos síntomas (tos seca, fiebre alta, etc.) que, en casos graves, puede producir una neumonía. El nuevo coronavirus se propaga principalmente por contacto directo con una persona infectada cuando tose o estornuda, o por contacto con sus gotículas respiratorias (saliva o secreciones nasales”).

Pasando enero y febrero se dio la alarma internacional, la Organización Mundial de la Salud lo declaró pandemia. Todos los países del mundo, día a día difunden sus reportes en relación con la cantidad de muertos causados por  coronavirus.

Dicen que es lo peor que ha sucedido desde la Segunda Guerra Mundial. La cantidad de infectados son millones en todo el mundo. Los niños son los que mejor resisten en teoría, y desde allí hasta la vejez la resistencia decrece al punto que los abuelos tienen una alta posibilidad de fallecer si son infectados. Es en estas circunstancias que cobra mayor relevancia aún tomar decisiones inteligentes como especie Homo Sapiens.

La decisión de vacunarse es una opción personal y en consecuencia podemos aducir nuestra libertad individual, nuestro derecho a disentir y la irrenunciable potestad de decidir sobre nuestros cuerpos físicos. Todo eso es válido, o más aún “muy válido”.

La encuesta del Instituto de Políticas Públicas en Salud  (Univ. SS 18 diciembre) señalaba que 7 de cada 10 (70%). Las encuestas  a principio de diciembre en Chile mostraban que el 15 % de la población no se iba a vacunar. Al 11 de enero del 2021 la encuesta de Criteria Research señala que el 35,4 %  se vacunaría sin ninguna duda, un 10,6 %no lo haría nunca, y un 54% dependiendo de los efectos secundarios que se verían con los ya vacunados en el futuro próximo. El grupo de los renuentes a vacunarse esgrimen argumentos tales como ”nos pondrán un chip para controlarnos”, ” la pandemia no existe”. Por otra parte el grupo de 54% que esperará “resultados de los vacunados”, muestra temores y desconfianza en la calidad de las vacunas.

Un amigo  viejo -y además viejo amigo- me comentaba:” En mis tiempos nos vacunaron de todo: la tuberculosis, sarampión, viruela, el tétano, la gripe, rubeola, la poliomielitis, la difteria, la rabia etc., y no dijimos nada y nunca nos enfermamos de esas patologías. O sea, amigo, eso funciona y  nunca nos preguntamos si se vulneraban los “derechos humanos”.

En la historia de las vacunas el eminente científico francés Luis Pasteur en 1885 hizo la primera vacuna con gérmenes debilitados de rabia. Cien años antes en 1796  el médico rural ingles Edward Jenner había experimentado una precursora vacuna contra la viruela  a partir de las mujeres que ordeñaban vacas. El resultado produjo un avance sanitario innegable para la población de la época que padecía esas enfermedades.

 Las vacunas actualmente son  preparados bioquímicos con bacterias, o virus, muertos o atenuados, según sea el caso; pero también se fabrican con compuestos químicos (toxoides) desarrollados en laboratorios y que también entregan inmunidad al inocularse en seres humanos. Algunos producen inmunidad temporal y  otras vacunas inmunidad definitiva. Su mecanismo fisiológico es a través de la estimulación y respuesta inmunológica con la producción  de anticuerpos específicos para la enfermedad. Algunas presentan secundariamente síntomas leves que pasan a los pocos días. La producción comercial de una vacuna es un largo camino de investigación y etapas para ser aprobadas por las instituciones estatales que regulan la legalidad de los fármacos en todos los países.

En la actualidad y dado el temor universal al Covid 19, los periodistas de todos los países están dando cobertura prioritaria a las muchas etapas en la investigación. El público como nunca ha estado informado día a día de sus avances. En consecuencia, este “proceso educativo”  nos debiera dar más seguridad y menos temor.

Ciertamente vivimos otros tiempos, La gente sabe más sobre sus derechos; pero hay un desbalance valórico porque estamos muy compenetrados de conocerlos y exigirlos, sin embargo no sabemos, o no tenemos interés de saberlo, que obligaciones tenemos también en una sociedad: Hay derechos y deberes para consigo mismo y para con la sociedad. La premisa es que lo que me pase a mi afecta a la sociedad y lo que le pase a la sociedad (“los otros”) también me afecta a mí.

No vacunarse implica un riesgo para las otras personas que pasan por nuestro lado, los familiares con quienes vivimos dentro de una misma casa, los compañeros de trabajo, etc.,  son los “los otros” sobre quienes  aumentamos el riesgo de contagio. ¿Esos derechos de “los otros” también debemos respetarlos con el mismo fervor con que defendemos los nuestros?.

Sabemos que vivimos una sociedad individualista, es cierto, pero la salud también forma parte de nuestros intereses inalienables y esta salud está íntimamente relacionada con “los otros”. Estos “otros” son parte de la sociedad y tienen el mismo derecho a la salud y  a no ser contagiados. No vacunarse es una decisión personal; pero también es una responsabilidad social de cada uno de nosotros. La cultura del  egoísmo no puede ser tan “estrecha” que no nos permita mirar más allá de nuestras narices.

Si algo debemos cambiar gracias a las enseñanzas que nos está dando este pequeño virus es el corregir la disgregación social a que nos ha llevado esta sociedad neoliberal. Vivimos con todo tipo de conexiones, celulares, internet, redes sociales, etc. y estamos más solos que nunca. Nuestros hijos no juegan con sus amigos del barrio, juegan con la computadora. Así no valoran la amistad como una conducta que fortalece la propia, y que también favorece   el sentido de solidaridad, la autoestima al sentirse valorado y querido, la responsabilidad en los compromisos adquiridos, la lealtad social, etc.

 Así las cosas, que la decisión de no vacunarse  ponga en riesgo a los “otros”  y ello además “no tenga ninguna  importancia para quienes egoístamente sólo ven sus intereses” es sin duda una cuestión moral que esta sociedad de consumo debe reflexionar y modificar, con la ayuda del “virus SARS-CoV-2 que nos obliga a defendernos como grupo, como tribu.

 En Chile, el 24 de diciembre, empezó la campaña del Ministerio de Salud para vacunar, primeramente a los profesionales y personal de la salud que han arriesgado sus propias vidas y familiares por estar en contacto directo y a diario con enfermos de riesgo vital. Luego vendrán los que tienen riesgo porque sus trabajos exigen un contacto directo con la población, también la tercera edad porque las investigaciones han demostrado que son los más vulnerables, junto con las personas con enfermedades pulmonares de base. Y así sigue una larga lista de priorizaciones que las autoridades de salubridad deben hacer.

 Este no es un hecho político y no debe tener nada que ver con apoyar a un gobierno o ser un agudo opositor. Es un hecho de salud pública fundamentalmente con consecuencias sociales directas, como es el riesgo de contagio y muerte. Dogmas religiosos, o posturas sociales fundamentalistas, deberían evitarse a la hora de tomar una decisión sobre la vacunación porque, reitero, es un problema de salud pública y es en ese contexto que debemos reflexionar antes de tomar una decisión, que al contrario de lo analizado puede lucir erróneamente como un derecho individual, olvidando su connotación social.

Para estimular a vacunarse se podrían esgrimir razones  del siguiente talante: si no se vacuna siempre estará en riesgo, probablemente no lo dejaran entrar a lugares del tipo restaurantes, servicios públicos, y otros; si no presenta certificado de vacuna no le permitirán viajar en buses o aviones; probablemente se la exigirán en su trabajo  a riesgo de perderlo si no se vacuna. En fin, todos estos argumentos son importantes de considerar y pueden ser en algún momento definitorios para decidir vacunarse. Pero,  no me gustan en lo personal porque todos ellos siguen la lógica del mundo egoísta, todos ellos apuntan a su ego, a que usted es el que pierde.  Sería preferible y digno de admiración, si su decisión lo es porque siente y responde a su sentido solidario, a su responsabilidad social, a su irrenunciable compromiso con “los otros”.

 Si usted pone un letrero en la puesta de su casa que diga.” Si usted no se ha vacunado y se niega a hacerlo, no puede entrar a mi casa estaría en su pleno derecho, porque es su respetable decisión personal y es, además, consecuente con su responsabilidad social ineludible.

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