¿Por qué vacunarnos?

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Dr. Sergio Puebla Molina
Pediatra Intensivista
Magister en Epidemiología Clínica

¿Por qué vacunarnos? Lo primero que debemos tener en cuenta es que la Covid-19 es una enfermedad mortal. Cada vez que nos vamos a dormir, en Chile han muerto alrededor de 60 chilenos, que es la cifra promedio que llevamos en los primeros 35 días del 2021.

 A principios del mes de enero se reunió en EE.UU. el Center for Disease Control and Prevention (CDC), para discutir sobre el informe de la eficacia de la vacuna de Pfizer-BioNTech (informe de algo más de 100 páginas). La reunión duró 3 horas. Al finalizar la sesión uno de los asistentes manifestó a la prensa: “Hemos demorado tres horas en la reunión. Durante estas horas han fallecido 180 compatriotas por el COVID-19”. En EE.UU. hay más muertos por COVID-19 que en las últimas tres guerras que sostuvieron (Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam). Entre marzo y octubre en EE.UU. se presentaron 170 mil muertes extras, de las cuales 140 mil fueron por COVID-19. Las restantes por enfermedades crónica que se descuidaron por el COVID-19.

 Las vacunas son altamente costo-efectivas, es decir, por cada dólar invertido se rentabilizan al evitar que los pacientes enfermen, al disminuir que las personas presenten enfermedad grave evitando hospitalización y secuelas y puedan seguir con sus vidas normales y, por cierto, con su vida laboral productiva. Hasta ahora con esta segunda ola, no más de 10 a un 15% de la población ha sido expuesta naturalmente a la enfermedad, por lo que solo vacunándonos alcanzaremos en forma más rápida la inmunidad de rebaño. Se necesita vacunar a un 70% de las personas para que la pandemia cese. Este número es calculado por el R0 o número básico de reproducción, que es el número de personas que es capaz de contagiar un paciente infectado. Por ejemplo, en el caso de sarampión es de 15 a 17 por lo que se debe vacunar a un 95% de la población. Para el el COVID-2 es de un 70%. Si no nos vacunamos y dejamos que nos expongamos todos naturalmente a la infección por olas sucesivas, tardaremos varios años en alcanzar este porcentaje, por lo menos 2 a 4 años, lo que irremediablemente traerá muertes y condenará a la pobreza a un importante y significativo número de habitantes de nuestro hermoso planeta.

Las vacunas salvan vidas. Los estudios han mostrado eficacia y seguridad. Una cosa es la eficacia, es decir, lo que sucede en un ensayo clínico en condiciones controladas. Estas vacunas han demostrado eficacia, esto es, evitan que las personas enfermen o evitan manifestaciones graves de la enfermedad y, con ello, la muerte o las secuelas si sobrevive. Otra cosa es la efectividad, que es lo que ocurre en la realidad. Israel de 128 mil primeros vacunados después de un mes solo ha tenido 20 casos de COVID, ninguno grave. Seguridad se refiere a la capacidad de provocar efectos adversos. Las más seguras son las que tienen menos efectos adversos, especialmente efectos adversos graves. Todas las vacunas pueden tener efectos adversos, la gran mayoría son leves como dolor en el sitio de punción.

Dr. Sergio Puebla Molina

La vacuna SinoVac –que es la que vacuna con que se inoculará a la mayor parte de los chilenos– es una vacuna con Virus completo pero inactivo (es la misma técnica usada para el virus de la gripe). Es la que tiene menos efectos adversos, menos de un 5% de los vacunados pueden tenerlos. Es muy bien tolerada. La eficacia reportada para evitar enfermedad grave es de 100% y para enfermedad moderada la eficacia es de un 78%. La mitad podrá enfermar en el 50% de los vacunados, pero no pasará de ser una enfermedad leve. La vacuna SinoVac es elaborada en China. Los resultados se han replicado en Turquía, Indonesia, Brasil y en Chile en el grupo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El ensayo inicial en China y Brasil es hasta personas de 59 años, pero reportes en Chile dan cuenta de  una buena inmunidad en personas mayores con un 95 a 97% de producción de anticuerpos neutralizantes para el virus. La otra vacuna que con la cual han vacunado a los chilenos es la vacuna BNT162b2 de Pfizer-BioNTech, la que mostró eficacia y seguridad en un Ensayo Clínico Controlado publicado en el New England Journal of Medicine, con 43.448 personas voluntarias mayores de 16 años sanos o con patologías crónicas estables con una eficacia global reportada de un 95% con dos dosis separada por un lapso de 21 días. Al estratificar por edad, género o raza la eficacia no cambia. Los efectos adversos reportados en su mayoría fueron leves, como el dolor en el sitio de inoculación. Efectos adversos serios muy infrecuentes (alergias graves), por lo que no se recomienda vacunar a personas con antecedentes de alergias severas. Esta es una vacuna producto de los avances tecnológicos. Se usa RNA mensajero viral (RNA m),  que codifica la proteína Spike del virus (un trocito de RNA m). Este RNA m no se integra a nuestro genoma que es un miedo que circula en redes sociales. Este RNA envuelto en lípidos al ser inoculado en humanos provoca inmunidad, es decir, producción de anticuerpos neutralizantes del virus y luego nuestras células eliminan ese RNA del virus.

Las vacunas son las intervenciones en salud de mayor impacto en disminuir los resultados importantes (Outcome), mortalidad, secuelas, severidad de enfermedades, etc. La errónea publicación de Andrew Wakefield sobre su mal intencionada asociación de la vacuna contra el sarampión con el autismo, publicada en una prestigiosa revista (The Lancet) –la revisión de los datos inventados llevó al editor de esta revista a retractarse de haberla publicado dando disculpas públicas (y, de hecho, se le quitó el título de médico en Gran Bretaña a Wakefield)–  provocó un enorme daño a las ciencias médicas, instaurando  prejuicios y dogmas y dando origen a los movimientos anti-vacunas. Tan solo en Inglaterra aumentaron los casos de sarampión con mortalidad de niños por la disminución de la cobertura de la vacuna porque los padres se negaron a vacunar a sus hijos por el temor al autismo.

La vacunación masiva es la única forma aceptable de conseguir la inmunidad de grupo. Las vacunas de la COVID-19 muestran, hasta ahora, un elevado nivel de eficacia y seguridad. Es fundamental que se confíe en la ciencia. Es más seguro vacunarse que adquirir la enfermedad con riesgo de morir. Es importante buscar información en fuentes fiables, difundir información constrastada para evitar las fake news y no influir en otros con ideas alejadas de la verdad.

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