Diálogo Abierto con José Yáñez: “Los responsables políticos deben reconocer el papel del cambio climático en los brotes de enfermedades virales”

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Mucho se ha hablado del origen de la crisis sanitaria que ha afectado a gran parte de nuestro planeta. Estamos viviendo la pandemia más importante de los últimos 100 años. No se tiene certeza sobre el verdadero origen del virus Sars-Cov-2. Sin embargo, existe un sospechoso principal en este asunto: el murciélago. Un animal que la mayoría  de las personas del mundo occidental considera como una especie netamente silvestre, pero que en Oriente es un platillo común.

En el Diálogo Abierto de esta semana conversamos con JOSÉ YÁÑEZ VALENZUELA, biólogo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, posgrado en Biología del Conocer, coautor del libro Murciélagos de Chile y ex Jefe Científico del Museo Nacional de Historia Natural, quien nos resuelve un sinnúmero de dudas acerca de estos mamíferos y cómo es posible que (posiblemente) hayan provocado la pandemia más grave del siglo XXI

Entrevista de Gabriel Palma Garrido

IL.- Mucho se ha hablado, en este período de pandemia, acerca de los murciélagos como la especie que «vectorizó» el virus Sars-cov2. Según sus conocimientos sobre esta especie, ¿ve posible que estos animales hayan sido los portadores de este virus?

JY.- La respuesta es sí, pero permíteme darte algunos antecedentes. Si bien se han descrito una gran cantidad de tipos virales en murciélagos y existen muchas hipótesis de sus formas de transmisión, no se ha demostrado en su totalidad la epidemiología entre estos animales y los humanos. Se conoce la transmisión de virus de murciélago a humanos para nueve familias de virus en las que se han descrito cerca de 66 tipos.

Entre los más conocidos están los Paramixovirus que producen una enfermedad respiratoria aguda, encefalitis febril y erupciones cutáneas (parecidas al sarampión), informados en Asia Pacífico y Oceanía; en este caso los murciélagos son reservorio y el contagio se produce a través de un huésped intermedio (caballos o cerdos).

Por otro lado, la transmisión de virus de murciélagos que causan enfermedades altamente patógenas se ha demostrado para los Lisasavirus, que producen la rabia y los virus Nipah y Hendra (Henipavirus) que producen encefalitis. Además, se conoce que el virus del Ébola habita en murciélagos de la familia Pteropodidae en África Central.

Recientemente se detectó virus del Ébola en murciélagos sin síntomas, ya que el virus no solo persiste usando al animal infectado como reservorio, sino que además se elimina provocando contagios en distintas especies, incluyendo a los humanos (chimpancés, gorilas, monos, antílopes y puercoespines).

En 2002, en la República Popular China, se descubrió que un coronavirus emergente causó un nuevo síndrome respiratorio agudo severo en humanos, llamado SARS-CoV (por su acrónimo en inglés: Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus).

Aunque no se asoció ninguna patología de SARS-CoV en animales, en la civeta se demostró que los primeros coronavirus humanos estaban estrechamente relacionados con un virus de esta especie de vivérrido, que también fue identificado en murciélagos.

Por otro lado, el síndrome respiratorio de Oriente Medio MERS-CoV (por su acrónimo en inglés: Middle East Respiratory Syndrome Coronavirus), es una infección respiratoria viral causada por el coronavirus homónimo, también existente en murciélagos. Se diagnosticó en 2012 en Arabia Saudita y se ha distribuido a la Península Arábiga, Inglaterra y Corea del Sur. Los síntomas incluyen fiebre, tos, diarrea y dificultad para respirar. Además, se ha demostrado que los camellos tienen anticuerpos contra el virus, pero no se ha identificado la fuente exacta de la epizootia.

La pandemia iniciada en 2019, en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, República Popular China, cuya patología es conocida como COVID-19 (por su acrónimo en inglés: Coronavirus Disease 2019), produce síntomas parecidos a la gripe común hasta una neumonía, síndrome respiratorio agudo y sepsis. El agente causal identificado es el coronavirus SARS-CoV-2. Parece tener un origen zoonótico, es decir, pasó de un huésped animal a un humano. Sin embargo, esta hipótesis no se ha confirmado y se basa en las semejanzas entre el genoma del virus encontrado en humanos y murciélagos. Este virus ha generado la pandemia más importante del siglo XXI.

Por supuesto que los murciélagos son el origen zoonótico probable de varios coronavirus (CoV) que infectan a los humanos, incluidos el SARS-CoV-1 y el SARS-CoV-2, los cuales han causado epidemias a gran escala. El número de CoV presentes en un área está fuertemente correlacionado con la riqueza de especies de murciélagos locales, que a su vez se ve afectada por las condiciones climáticas que impulsan la distribución geográfica de las especies. La provincia de Yunnan, en el sur de China, y las regiones vecinas de Myanmar y Laos conforman una zona de aumento de la riqueza de murciélagos impulsado por el cambio climático. Esta región coincide con el probable origen espacial de los ancestros del SARS-CoV-1 y del SARS-CoV-2, transmitidos por murciélagos. Teniendo en cuenta un aumento estimado del orden de 100 CoV transmitidos por murciélagos en toda la región, el cambio climático puede haber jugado un papel clave en la evolución o transmisión de los CoV que nos afectan.

La gente en Chile se sorprende cuando escucha decir que en algunas partes los murciélagos se comen. El consumo de murciélagos está extendido ampliamente por África, Asia, Oceanía y América. En el Sudeste Asiático se consume cerca del 17% de las especies de murciélagos existentes, incluso algunas de ellas, frugívoros en particular, están amenazadas por la caza.

En la Amazonia de Brasil y Bolivia se cazan murciélagos para el consumo, el uso de cueros o fines médicos. A lo largo de la historia han aparecido numerosos relatos de consumo de estos animales. En la Geografía de Estrabón (siglo I A.C.), se describe a la ciudad de Borsippa (actual Birs Nimrud en Irak) como un lugar donde se capturaban muchos murciélagos, que luego eran “salados para su consumo”. En el siglo XVI el naturalista italiano Ulisse Aldrovandi, en su Tratado de ornitología, indica que los murciélagos tienen carne blanca, comestible y un sabor excelente. Y aunque en algunos libros sagrados (como la Torá y la Biblia) se advierte no comer la carne de murciélago, se ha seguido haciendo por siglos. La preparación más común suele ser la sopa de murciélagos frugívoros, sin embargo, también se usa como ingrediente proteico en guisos y curry.

IL.- Pareciera ser que la pandemia ha provocado que las personas tornen su atención al estudio de diversas especies animales que históricamente han sido poco estudiadas. ¿Opina usted lo mismo? ¿Cree que, en este período de crisis, este tema sea un aspecto positivo?

JY.- Creo que las personas, en general, durante esta pandemia han tornado su atención a cualquier otra cosa antes que al estudio de estas especies u otras. Ahora, si pensamos en especialistas  –biólogos, zoólogos–  sin duda que seguramente muchos han enfatizado y profundizado sus estudios en especies que son vectores del SARS-CoV-2, o en otras que se sospecha que lo son. Claro que no debiéramos esperar el surgimiento de zoonosis para empezar a estudiar las especies silvestres, eso debería ser una tarea constante impulsada como una política de estado.

La diversidad biológica o biodiversidad constituye un patrimonio de la sociedad dado que proveen los bienes y servicios que inciden positivamente en la calidad de vida de las personas. Sin embargo, se desconoce la verdadera magnitud y atributos de este patrimonio.

Nuestro patrimonio biológico nacional son bienes desconocidos y descuidados. Por dar un ejemplo, en Chile cerca del 80% de los anfibios, 60% de los reptiles y 55% de los mamíferos son especies con problemas de conservación. Idealmente un patrimonio debería cuidarse, estudiarse y atesorarse; sin embargo, la sobrevivencia de nuestras especies está amenazada.

Entre las causas más probables de la declinación de la biodiversidad nacional se encuentra la destrucción del hábitat y el uso excesivo. Una solución a este problema ha sido conservar algunas poblaciones de estas especies en áreas protegidas (como parques nacionales), pero las superficies no solo son insuficientes, sino que la inversión por hectárea de área protegida es irrisoria.

Comprender cómo ha cambiado la distribución global de las especies de murciélagos como resultado del cambio climático puede ser un paso importante en la reconstrucción del origen del brote de SARS-CoV-2.

Los investigadores se hacen eco de los llamamientos hechos en estudios anteriores que instan a los responsables políticos a reconocer el papel del cambio climático en los brotes de enfermedades virales y a abordarlo como parte de los programas de recuperación económica de esta pandemia.

El hecho de que el cambio climático pueda acelerar la transmisión de patógenos de la vida silvestre a los humanos debería ser una llamada de atención urgente para reducir las emisiones de CO2 globales.

IL.- Respecto a la pregunta anterior. ¿Cómo ve posicionado a nuestro país respecto al estudio de la zoología?

JY.- Seré sincero: pésimo. Podría dar cifras y porcentajes de la cantidad de especies en categorías de peligro, pero nos alargaríamos inútilmente. Quizás basta con decir que esto tiene que ver con la inversión que hace Chile en ciencia.

Nuestra inversión en relación con el PIB es cerca de 0,38%, mientras que los países desarrollados invierten entre 1,2 y 4% del PIB. Esas naciones toman realmente en serio la investigación científica.

Es necesaria en Chile una mayor inversión en ciencias, para la generación de registros territoriales de variables ecológicas y sociales útiles para la toma de decisiones, junto a propuestas que aporten a la resolución de los actuales problemas socio-ambientales.

Sin embargo, en la discusión del presupuesto 2021 se presentó una reducción en el ítem correspondiente a los programas del Ministerio de Ciencia y Tecnología y si bien es cierto que después se dejó de lado la iniciativa, es necesario tener en cuenta que Chile es el país que menos invierte en investigación y desarrollo (I+D) entre los agrupados en la OCDE e, incluso, destina menos recursos que estados latinoamericanos como Brasil y Argentina. Seguimos estancados por debajo del 0,4% del PIB, que se ha mantenido durante toda esta década, pese a las recomendaciones internacionales y a la expectativa de que el país siente las bases para transitar al desarrollo en los próximos decenios.

El país enfrenta enormes desafíos, claves para su desarrollo, y la generación de conocimiento no puede esperar. Necesitamos políticas públicas más efectivas y por sobre todo mejor financiadas, que permitan dar espacios a los científicos que el mismo Estado ha invertido en capacitar. Para ello, no podemos seguir administrando pobreza. Si queremos alcanzar el desarrollo, Chile debe llegar al menos al 1% de su PIB destinado a (I+D). Esto significa triplicar el exiguo presupuesto que hoy tenemos.

IL.- ¿Qué lo motivó a escribir su libro sobre las distintas especies de murciélagos del país?  

JY.- Cuando me contrató el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) como zoólogo de vertebrados en 1976, el conocimiento sobre la fauna era escaso… y los zoólogos también. Yo debí atender, en el Museo, todas las consultas de todos los grupos de mamíferos silvestres. Así que traté de interesar a mis alumnos en distintos órdenes de mamíferos, y así fue que algunos se dedicaron a cetáceos, otros a camélidos, otros a carnívoros, roedores, etc. Consciente del desconocimiento sobre los murciélagos de Chile intenté, sin éxito, encauzar a colaboradores y alumnos en la investigación de estos animales, lo que derivó en tener que, con un colega, escribir el primer libro de Murciélagos de Chile, que editamos en 2006.

Después de tres lustros de la primera edición, presentamos esta segunda edición corregida y aumentada, donde se han recogido los más recientes hallazgos de especies, cambios nomenclaturales y de distribución que ha habido en Chile sobre este fascinante grupo zoológico. Además, decidimos utilizar un formato que facilita su transporte y manipulación en terreno, y poner esta información y sus extraordinarias láminas al alcance de estudiantes de pre y posgrado, de profesores e investigadores de distintos ámbitos, como salud, conservación y manejo de fauna silvestre y, por cierto, de los lectores interesados y amantes de la vida silvestre.

IL.- ¿Cree usted que en la nueva constitución se deberían plantear estrategias para proteger las especies endémicas de nuestro país?

JY.- Una Constitución no debe ser un compendio de leyes, sino una normativa que indique las grandes líneas por las cuales se regirá la República y que deberán ser implementadas, cuando se requiera, en leyes que no son parte de la Constitución.

Fernando Lassalle se propuso encontrar la esencia de una Constitución, y la define como el resultado de la suma de los factores reales de poder. Así, lo que debe plasmarse en un régimen constitucional son las aspiraciones de las fuerzas sociales y políticas de un Estado.

Por eso que proteger las especies endémicas del país no es algo que deba estar en la Constitución, sino que debe desprenderse de los principios básicos de ella. Así, la protección y conservación de los recursos naturales, debe ser declarado como interés general. Para lograr una real protección debe quedar plasmado que es un interés superior a los intereses particulares como el de propiedad, comercios, industria, etc. primando en caso de conflicto el primero sobre el segundo. Actualmente no es así

IL.- ¿Algunas palabras finales para los lectores de Iniciativa Laicista??

JY.- El COVID-19 puede ser una oportunidad para la humanidad pues es una llamada de atención sobre el valor de la cooperación global que se ha ido perdiendo en los últimos años.

Otrora, cuando estallaban crisis globales (sanitarias, financieras, humanitarias) se reunían los líderes mundiales para elaborar un plan de acción común; sin embargo, ahora se mantienen al margen, cada uno en su parcela tratando de capear de mejor o peor manera esta pandemia.

Ojalá que esta crisis sanitaria nos abra los ojos sobre el alto costo de ignorar los peores escenarios de crisis globales, para las cuales también miramos para el lado, como el cambio climático global, que como crisis es bastante peor que la pandemia.

La inversión del 2% del PIB mundial en el desarrollo de mejores tecnologías e infraestructura es suficiente para evitar un cambio climático catastrófico. Cierto que es mucho dinero, pero está dentro de nuestra capacidad para hacerlo. Gastar el 2% del PIB para salvar al mundo del cambio climático global parece una inversión muy razonable, pero para eso debemos abandonar la política de división y adoptar la política de solidaridad.

Muchos pensadores afirman con claridad que la posibilidad de recuperar la confianza en la humanidad está en nuestras manos, y que el futuro puede ser mejor si aprovechamos las crisis para repensar nuestra sociedad y apostar por la solidaridad.

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