Diálogo Abierto con María Fernanda Herrera: “Tendemos hacia Estados híbridos, plenos de pluralidad y diferencias”

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Nuestro colaborador desde Concepción, el profesor Heber Leal, Doctor en Literatura Latinoamericana y académico de la Universidad Mayor, dialoga esta vez con la investigadora MARÍA FERNANDA HERRERA, Licenciada en Filosofía (PUCV), Magister en Filosofía (PUCV), Magister en Educación y Doctorada en Sociología (Universidad Alberto Hurtado). Ha publicado en diversas revistas de Chile y Europa. Colaboró en la traducción del libro de Martin Heidegger  Ser y Tiempo (Trotta, 1995) en su versión a la lengua castellana de Jorge E. Rivera. Recientemente ha participado en la obra colectiva Autonomías y autogobierno en la América diversa.

HL.- El pasado 21 de abril acaba de celebrarse la presentación del texto colectivo Autonomías y autogobierno en la América diversa. ¿Cómo te sientes al ser parte de esta publicación como autora de uno de los capítulos y, además, qué nos puedes comentar sobre cómo se generó esa valiosa contribución?

MFH.- Esta participación se generó el verano 2020. En esa fecha fui a realizar mi pasantía doctoral a la Universidad de York, Toronto – Canadá. Ahí, fue Miguel González mi tutor en la pasantía (profesor asistente del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de York) y en ese momento, al mismo tiempo, estaba la doctora Ritsuko Funaki (Universidad de Chuo, Japón), quien investigaba al igual que yo el tema de las autonomías indígenas. Ambas habíamos realizado trabajo de campo en Bolivia, en algunas comunidades indígenas, para conocer de facto el tema autonómico. En ese contexto, Miguel González me invitó a participar en el libro con algún artículo atingente. Imagínate, yo estaba feliz y muy honrada porque quienes están participando en el libro son autores a nivel mundial, de primera categoría. Todos con estudios y experiencia autonómica territorial indígena.

Este libro es una suerte de continuación de uno anterior titulado Autonomía a Debate, que se gestó en un contexto distinto, quizás de mucha ilusión y esperanza frente al tema de autogobierno indígena. Ahora, pasados ya diez años del primer libro, ha cambiado la mirada frente a la autodeterminación, se ha hecho más crítica y las distintas experiencias de autodeterminación de los pueblos originarios nos han enseñado qué hacer y qué no. Esa reflexión presente en el libro lo ubica como un referente en el tema y como texto de consulta obligatoria para quienes deseen estudiar la territorialidad y sus implicancias entre dos matrices civilizatorias distintas, la originaria y la liberal.

HL.- En el prólogo a Autonomías y autogobierno en la América diversa se alude a la importancia que merece la reflexión sobre la idea de libertad y (auto)determinación de los pueblos americanos ¿Cómo concibes tú la noción de libertad en este sentido? ¿Cuál crees que es el debate que se debe generar a partir de la publicación de estas investigaciones?

MFH.- La noción de autodeterminación y libre determinación muchas veces suelen confundirse y ser tomadas como sinónimos; sin embargo, ambas tienen enfoques distintos. Por una parte, la libre determinación  –basada en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y de la Declaración Universal de los Derechos Colectivos de los Pueblos– abre la posibilidad de que cada pueblo, según su voluntad, decida su propio destino. Y, por otra parte, la autodeterminación se basa, más que nada, en la existencia de un pueblo con características que uniformizan a sus miembros y los diferencian del resto de la población y, por tanto, no significa necesariamente independencia política; puede significar la negociación en igualdad de condiciones entre un pueblo y el Estado al que se encuentra relacionado.

En todo caso, más allá de estas determinaciones del derecho internacional, es necesario mirar la historia de nuestros pueblos originarios y declarar la necesaria reparación de las injusticias cometidos por los conquistadores y reproducidas por las nuevas repúblicas hasta nuestros días. Por ende, la tarea es idear dentro del contexto del Estado, sea República sea Plurinacional, una forma de otorgar a nuestros indígenas el reconocimiento mediante su autogobierno, no solo como un acto de memoria colectiva, sino también como puerta para su inclusión y participación dentro de la profundización democrática. Es decir, la tarea, que es muy compleja, es yuxtaponer dos matrices civilizatorias distintas: la indígena y la liberal, cuyos valores y concepciones sobre la territorialidad, el medio ambiente y lo colectivo son francamente diversas. En este escenario, no me cabe duda que el libro Autonomías y autogobierno en la América diversa ha sido capaz de recoger estos derroteros, mostrando mediante diversas perspectivas cómo se han ido tejiendo, en heterogéneas sociedades, distintas formas de articulación del poder por medio del modelo territorial autonómico y de visibilizar las tensiones, generales y particulares, determinadas por sus dispares contextualizaciones.

HL.- Tu capítulo, uno de los primeros del volumen, se denomina “Ley Marco de Autonomía y Descentralización para AIOC: ¿Normatividad autonómica o restricción institucional?” ¿Cuáles son los temas centrales que rescatas de tu investigación para arrojar claves a sus lectores?

MFH.- Es un artículo basado en un análisis de textos institucionales-normativos en su desarrollo; comparo lo que la Constitución de Bolivia (2009) entiende y formaliza por autonomía indígena y la Ley Marco de Autonomía y Descentralización Andrés Ibáñez (LMAD), que especifica y concreta lo determinado en la Constitución. Bajo un gobierno plurinacional, comunitario y autonómico, como era en ese momento lo que proclamaba Evo Morales, se esperaría que, en lo normativo, la LMAD facilitara y abriera posibilidades a la ejecución de la autonomía indígena. Sin embargo, la LMAD limita de manera extrema la encarnación del autogobierno indígena, entonces, en el discurso es sólo apertura a lo originario, pero en la realidad, volvemos nuevamente a un amarre del despliegue de lo originario. Esto es, vuelve a ser lo indígena constreñido por el otro. Esto lo demuestro mediante ciertas categorías propias del mundo indígena como: identidad, etnia, territorio, etc.; las que voy entretejiendo, comparando y particularizando desde una mirada universal-constitucional hasta detallarlas con la LMAD. Además, de ir profundizando en los espacios más complejos de disputa entre lo originario y liberal, tal como los deslindes territoriales pre-coloniales y el neoextractivismo actual.

HL.- A propósito de la publicación del libro ¿cuáles crees que son las diferencias esenciales que se deben establecer entre las nociones de multiculturalidad e interculturalidad, conceptos reiterados en los campos de la sociología y políticas indígenas? ¿Y cuál crees que es el rol de la academia para promover la reflexión sobre culturas indígeneas y autogobierno?

MFH.- El multiculturalismo aparece en la segunda mitad del siglo XX (en el contexto anglosajón y norteamericano) impelido por los movimientos sociales y la política de la identidad según el postmodernismo. Si bien existen distintas corrientes del multiculturalismo manifestadas en los Estudios Culturales, poscoloniales o comunitaristas, creo que, entre todos, el multiculturalismo liberal, representado por Will Kimlycka, es el que más visibiliza sus limitaciones y la necesidad de superación con el interculturalismo. Kimlycka entiende el concepto de nación estrechamente relacionada con la idea de cultura, un país que contiene más de una nación no es una nación-Estado, sino un Estado multinacional y, por tanto, procura compatibilizar los derechos colectivos e individuales sin afectar a los supuestos básicos del liberalismo: las libertades y derechos individuales. Bajo un modelo que denomina de ciudadanía diferenciada, que opera sobre la base de un sistema de restricciones internas y protecciones externas, adecuadas para buscar formas que posibiliten acercar los diversos “derechos” en una sociedad multicultural, la argumentación de Kymlicka cae en una paradoja, pues al ser un término descriptivo los países occidentales detentarían un cierto relativismo cultural que sortea la dimensión relacional y oculta la permanencia de desigualdades e inequidades sociales. En definitiva, las culturas no liberales terminan por asimilarse al marco liberal bajo la protección de los derechos individuales.

Por el contrario, la interculturalidad parte de la distinción entre culturas dominantes y subalternas, contrario al multiculturalismo que observa las culturas como minorías y mayorías, y de una concepción relacional de la identidad que le permite comprender casos de diversidad cultural en contextos distintos a las democracias liberales. Por esto, lo intercultural debe entenderse como un paso más allá porque posibilita que la diferencia intervenga para conformar sociedades compuestas y relaciones entre culturas de orden simétrico.

 En lo académico, es necesario hacer notar la “imposición” de las nuevas formas de la modernidad globalizada, en la cual el Estado ya no es, como decía Renan, “un Estado, una nación”; por el contrario, la tendencia es hacia los Estado híbridos plenos de pluralidad y diferencias. Los cuales requieren una nueva enseñanza de valoración de minorías diferenciadas y de desarrollo de competencias interculturales para lograr, en lo práctico, una convivencia creativa y fructífera.

Entrevista realizada por Heber Leal

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