Marx y Freud en Latinoamérica

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Comentarios sobre la apropiación desde los espacios culturales y sociales

Gabriel Beregovenko

Hoy es en extremo difícil mencionar los nombres de Marx o Freud sin que salten retractores y fanáticos al mismo tiempo; como en esos primeros años de nuestra infancia donde saltábamos de euforia al escuchar el nombre de nuestro superhéroe favorito. No queda claro si aún, muchos de los actuales lectores “entusiastas” han superado sus complejos infantiles, como diría Freud, pero lo que sí es un hecho es que ambos intelectuales, tienen una notable influencia en la vida académica, política, social y cultural en la actualidad. No importa si las opiniones son a favor o en contra, ambos son puntos de legitimidad ideológica.

Desde Latinoamérica podemos encontrar las más enconadas contradicciones y oposiciones discursivas; tanto marxistas “entusiastas”, como freudianos “silvestres” conforman parte de una variada ágora intelectual en el continente. Ante la indudable huella que han dejado Marx y Freud en Latinoamérica, cabe la pregunta sobre si la historia de ambos, Marx y Freud, con la región latinoamericana siempre ha sido de vehemente romance. A pesar del disgusto de muchos, la respuesta es que no, lamentablemente desde sus inicios la relación de ambos ha pasado desde el desprecio hasta la ignorancia. Sin culpar a Marx o Freud, queda claro que la región latinoamericana no era, ni de lejos una prioridad intelectual para ambos teóricos; dejando en claro que un cuestionamiento sobre la empatía que podría haber sentido Marx o Freud hacia Latinoamérica, queda ciertamente para los estudiosos en el ámbito de la curiosidad y la meditación académica.

En el caso de Marx, la relación con Latinoamérica es y fue compleja, y el supuesto romance que hoy se vive en la mayoría de la izquierda latinoamericana parece dejar en olvido el lamentable hecho que muchas veces el propio Marx escribió con menosprecio hacia Latinoamérica. Los posibles motivos de este desdeño de Marx hacia Latinoamérica pueden ser muchos y variados, desde un supuesto “eurocentrismo”, una comprensión lineal y rígida de la historia, cosa que dudo, o simple ignorancia o indiferencia; tal vez nuestro “genio” del proletariado no tuviera ni el tiempo, ni la pasión para reflexionar sobre aquellos asuntos que ocurrían al otro lado del atlántico sur. Para un estudio más detallado, textos como Marx y América Latina de José Aricó y Marx y Freud en América Latina de Bruno Bosteels son de excelente recomendación y puede interesar a aquellos que deseen profundizar en tan espinoso tema. Si bien desde Marx, Latinoamérica, no gana las mejores alabanzas en sus palabras, desde los intelectuales en Latinoamérica tampoco fueron seducidos de forma inmediata con la filosofía de Marx.

Un distintivo caso fue la lectura, al menos declarada, que tuvo Martí del pensamiento de Marx.

“Aunque Marx no pueda ver ningún potencial revolucionario en las realidades de Latinoamérica, eclipsadas por la constante tentación del despotismo quizá debida a un desarrollo tardío o insuficiente de la sociedad civil, debemos apresurarnos a decir que el malentendido muchas veces resulta ser recíproco. Piénsese en «Honores a Karl Marx, que ha muerto», una conocida pero curiosamente poco estudiada crónica del autor y libertador José Martí, escrita cuando este residía en Nueva York y trabajaba como corresponsal extranjero para el diario argentino La Nación, entre otros. Esta crónica ha sido reconocida como «un primer pilar para la recepción del marxismo en el sentido filosófico estricto» en Latinoamérica.” (Raúl Fornet-Betancourt, Transformaciones del marxismo: Historia del marxismo en América Latina, en Bruno, Bosteels (2016). Marx y Freud en América Latina. Madrid: Ediciones Akal. p.35.).

El malentendido, como afirma Raúl Fornet-Betancourt y luego Bruno Bosteels es mutuo, no existían un acercamiento, más bien un desencuentro teórico e incluso hasta de dirección práctica; pues si bien Martí, como intelectual latinoamericano avaló las intenciones humanistas de Marx, rápidamente desecha los medios y la forma de propositiva de Marx para lograr la tan ansiada meta de la justicia universal.

“A pesar de ese intento de estetización natural-organicista del mundo del trabajo, la crónica de Martí no deja de ser altamente adversa a la gran obra de Marx, es decir, no a su obra crítica o científica, sino su labor militante y política. Y es que Martí repite hasta media docena de veces el mismo reproche de que Marx o, cuando menos, sus seguidores en la primera Internacional, intentan lograr su noble fin con medios equivocados.” (Bosteels, 2016, p. 37).

Para una mayor especialización y detalle de este desencuentro entre Marx y Martí se recomienda la investigación de Bruno Bosteels llamada Marx y Freud en América Latina. Generaciones intelectuales posteriores, ya a inicios y mediados del siglo XX, se reapropiaron de una forma más entusiasta del discurso teórico de Marx, y aquel inicial desencuentro se convirtió en una ardiente relación; Marx, se convirtió para Latinoamérica en un punto de legitimidad, una herramienta teórica y discursiva, independientemente si es bien comprendido o no, para legitimar proyectos políticos y sociales; aun cuando en su núcleo, muchos de los movimientos marxistas latinoamericanos, no parece cumplir con los principios conceptuales que el propio Marx defendía; sin embargo esto sucede por la continua reapropiación y desplazamiento de la teoría marxista bajo los intereses históricos de la región. Sin caer en una dilatada mención de todos aquellos intelectuales latinoamericanos apasionados del marxismo, solo mencionaré a un marxista olvidado, uno de los pocos que en Latinoamérica defendió teóricamente la relación que puede existir entre el psicoanálisis y el marxismo; Ludovico Silva fue un interesante intelectual venezolano que percibió la importancia de los estudios de Freud para la comprensión del fenómeno ideológico, abogaba clara y distintamente la utilización de herramientas teóricas del marxismo y el psicoanálisis para el examen los medios de comunicación y de los fenómenos sociales.

Ludovico Silva en muchas ocasiones traza un puente entre Marx y el psicoanálisis. Freud dice que hay mecanismos en el pre-consciente y el subconsciente que mueven la conciencia hacia una represión u olvido de ciertos estímulos (Silva, 1978b, p. 101). La teoría crítica en el método de Marx se perfila hacia una denuncia de las relaciones de poder-dominación de cualquier enmascaramiento ideológico. La ideología, al presentar de modo aparente y engañoso la realidad del hombre, produce y condiciona los mecanismos para que surja la falsa conciencia. La ideología produce en la conciencia ese “no ver las cosas” e inclusive, aunque el individuo lo vea físicamente, no reconoce; la propia percepción está condicionada por mecanismos simbólicos que le dan un valor determinado al objeto percibido. Para Ludovico Silva, el continuo “olvido” de las desgracias sociales y el “disimulo” de las ciencias sociales, así como en el sentido común, de las contradicciones fundamentales de la sociedad se asemejan a los mecanismos freudianos preconscientes y subconscientes que reprimen al sujeto. Poder discernir entre la apariencia y la realidad en los fenómenos sociales es de vital importancia. Ludovico Silva afirma que todo marxista tiene que tomar en cuenta esta distinción y lograr encaminar la teoría marxista en función de las contradicciones reales de la sociedad y no dejarse llevar por las nebulosas y las promesas ideológicas. La ideología tiende a presentarse con elementos a-históricos y no reconocer las necesidades internas de la sociedad, olvidando la relación inmanente entre las necesidades históricas y la subjetividad. En el caso de América Latina y para el marxista latinoamericano esta distinción es estratégica.

La relación entre Marx y Latinoamérica a lo largo del siglo XX se convirtió en un punto de referencia simbólico, de la forma menos esperada, desde implicaciones con concepciones religiosas hasta la unificación de la teoría marxista con elementos culturales y de legitimación nacionalistas; cosa que al propio Marx podría haberle disgustado, por su continua crítica a la religión como forma de alienación espiritual y su comprensión de los nacionalismos exacerbados como formas de oposición con el carácter universal y cosmopolita del hombre moderno. En resumen Marx en Latinoamérica, está condicionado, no por las propias inclinaciones teóricas ni de Marx, ni de los campos intelectuales de la región, obedece más un pragmatismo de entre las necesidades sociales y políticas que a una introspección teórica o filosófica de una determinada vanguardia intelectual; de modo que su figura se encuentra en continuo desplazamiento desde lo artístico, lo político, lo social, y en algunos casos lo científico; siempre respondiendo como un punto de legitimidad para aquellos que necesiten justificar proyectos de libertad o de crítica social. Si Marx es comprendido, o usadas sus herramientas conceptuales de forma adecuada, es otro punto, lo que sí es un hecho es que es usado como escudo y espada discursiva en los medios ideológicos, aun cuando muchas veces, el contenido del discurso de aquellos que invocan al viejo barbudo, no sepa cómo esgrimir, ni manejar adecuadamente la teoría marxista.

En el caso de Freud sucede algo semejante, fuera del campo de la clínica, su figura se ha convertido en un punto de legitimación, desde lo artístico, lo académico, lo político y lo social. Sin importar la ubicación en el espectro político, Freud es un arma teórica con que se esgrimen argumentos y conceptos; un avatar para el debate, la crítica social y la reflexión cultural. El psicoanálisis ha nutrido la reflexión en torno a sujeto revolucionario que lucha contra la alienación social y las instituciones opresivas. La teoría de Freud parte desde el inconsciente, y descubre como las instancias de la psiquis incorporan restos miméticos de dominación social que ofrecen un espacio a las formas de poder simbólico. Freud funda un discurso de intervención en el sujeto, un polo de atracción para legitimar una lucha social e individual; inclusive de obras de teatro como Feliz nuevo siglo, Doktor Freud (Bosteels, 2016, pp. 251-257). Freud fuera del campo de la clínica vive en el mundo del arte Latinoamericano, como un avatar de liberación individual y social. Al igual que a Marx, Freud es utilizado en términos pragmáticos, lejos de tener seguidores que cumplan a cabalidad sus enunciados teóricos, el lector entusiasta podrá descubrir la huella de Freud en muchos espacios culturales, espacios que dentro de su propia lógica discursiva podrían entrar en contradicción con los elementos propios de una buena lectura del psicoanálisis.

El psicoanálisis funciona como una herramienta para reconocer las contradicciones sociales. Freud en textos reconocidos como El malestar de la cultura es comúnmente usado para la lucha social contra la alienación. De esto se decanta, para el buen lector del psicoanálisis, que no solo basta con las buenas intenciones para movilizar la sociedad, también hay que conocer de forma rigurosa la subjetividad que realizaría el cambio.

Los proyectos libertarios nunca responden ingenuamente a los intereses de la sociedad civil, detrás de ellos siempre hay motivaciones que emergen desde el inconsciente social, desconocer esas motivaciones es una falla estratégica para aquellos que intentan impactar en los cambios sociales; desde el punto de vista del psicoanálisis el sujeto revolucionario es ingenuo si ignora parte de las motivaciones inconscientes y lo sustituye por motivaciones aparentes y de carácter inocentemente ético. Partir de lo aparente, solo a nivel de las representaciones conscientes, y no de la actividad humana concreta es lo ideológico; pues el discurso de poder dominante tiende a “olvidar” o “reprimir” aquellas contradicciones que no son coherentes con sus sistemas de valores. Aquí definimos la ideología como un sistema de valores, creencias, sentido, racionalidad y representaciones que se autogeneran en las sociedades que tengan relaciones de dominación. Es decir, todas las sociedades que se han dado en la historia. La intención y utilidad de toda ideología es racionalizar el sistema de poder, hacerlo natural e inevitable. ¿Quiénes son los portadores de las ideologías? La respuesta es clara, los hombres particulares son los portadores de la ideología. Ella (la ideología) ocurre en la misma estructura psíquica del individuo. De esta forma en Freud por momentos puede incluso ser más subversivo y revolucionario que el propio Marx, pues una comprensión coherente del psicoanálisis como crítica y herramienta de cuestionamiento social nunca podrá encajar con la lógica de poder de una institución, o un estado determinado, irónicamente, el carácter individualista de la teoría psicoanalítica le permite no pactar de lleno con las instituciones que ejerzan un poder hegemónico cultural. Esto no niega que el psicoanálisis como teoría no sea utilizado por aquellos que ejercen un determinado poder, pero nunca, desde el punto de vista de la crítica a los imperativos sociales podrá funcionar tan armónicamente con un poder alienante, cosa que si sucedió de forma lamentable con la teoría marxista en Europa oriental.

A modo de conclusión se puede afirmar que hoy Marx y Freud viven de forma autónoma en la cultura latinoamericana, no de la forma más fiel posible a estos grandes intelectuales, pero si desde Latinoamérica los dos tienen vida propia, y adquieren nuevas connotaciones y lecturas desde los más imprevistos ángulos posibles, no cabe duda que han dejado y dejaran huella por mucho tiempo; si desde Latinoamérica se hace o no una apropiación acertada de ambos queda a manos del acalorado debate de teóricos, científicos sociales y entusiastas del tema.

Dialektika, 14 de junio de 2021

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