PENSAMIENTO LATERAL Y CARRERA PRESIDENCIAL

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Me llega, en la pasada semana, la lamentable noticia del fallecimiento del psicólogo maltés Edward de Bono, creador del “pensamiento lateral”. Leí sus libros, conocí sus ideas y enseñé sus estimulantes métodos en cursos de desarrollo de la creatividad que dicté –durante mi trayectoria académica–  en carreras universitarias de publicidad, diseño y otras.

De Bono destierra la popular imagen del sujeto creativo como un ser especial, dotado de un don divino.  Sostiene que todas las personas son potencialmente creadoras y que, a través del aprendizaje de metodologías y técnicas y de un entrenamiento mental, no es difícil fomentar el ingenio, la imaginación, la perspicacia y el empleo de formas de pensar que conduzcan a una resolución innovadora de problemas.

En su libro El pensamiento lateral. Manual de creatividad (Ed. Paidós) presenta un modo de pensar distinto del pensamiento lógico, lineal, vertical.  En contraste con este último (que es selectivo, analítico, secuencial, excluyente) el pensamiento lateral consiste en desviarse, provocativamente, de las estructuras perceptuales y conceptuales existentes y en abrir nuevos y amplios caminos para considerar y hacer las cosas.

Este pensamiento lateral  –cuyo uso se estimula a través de determinadas técnicas y procedimientos mentales que De Bono nos enseña en esta obra y en otras suyas–  aumenta la eficacia del pensar vertical, al ofrecerle nuevas y originales ideas para su elaboración lógica.  En consecuencia, ambos modos de pensamiento se complementan; ambos son necesarios para una vida humana dinámica y plena.

Otra noticia de la semana anterior es que ha comenzado en nuestro país la carrera por llegar a La Moneda.  Tenemos, hasta ahora, varios candidatos y de diversos colores.  Pero cuando uno echa un vistazo a sus proyectos programáticos o los escucha debatir en TV, aprecia las mismas nociones consabidas, añejas, tradicionales, enmarcadas por ideologías del siglo pasado y por unas ansias indisimulables de aferrarse al poder, más que de servir a nuestra maltratada sociedad. Les falta creatividad a nuestros políticos. Carecen de imaginación creadora los aspirantes a la presidencia para enfrentar los retos del presente.

Tal vez un buen homenaje a la memoria de este psicólogo provocador que nos desafió a romper los esquemas acostumbrados de ver las cosas, sea enviar a nuestros candidatos a un curso intensivo de pensamiento lateral.  No hay duda de que, con ello, Chile saldría ganando.

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