Diálogo Abierto con el doctor Jorge Canteros Gatica: «Mientras no se vacune toda la población mundial, seguiremos amenazados»

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Llevamos más de un año y medio de gestión de la pandemia en nuestro país, en donde han ocurrido las más diversas situaciones. Desde cambios de ministros, hasta decisiones que han sido duramente criticadas y otras sumamente aplaudidas.

De esta forma, en el Diálogo Abierto de esta semana conversamos con Jorge Canteros Gatica, médico internista de la Universidad de Chile, Jefe de la Unidad de Paciente Crítico del Hospital de Curicó y especializado en medicina interna, intensiva y gastroenterología, quien nos ha brindado sus opiniones acerca de las decisiones gubernamentales respecto a la pandemia, además de darnos sus perspectivas del Chile post-pandemia.

Entrevista de  Gabriel Palma Garrido

IL.- Usted fue condecorado con la medalla de honor Pablo Neruda, por su gestión de la pandemia hace tan solo unas semanas. ¿Cómo recibe este premio, considerando el contexto de crisis que vivimos?

JC.- Primeramente, fue una sorpresa para mí, dado que era algo que no había tenido ningún tipo de contacto previo. Segundo, claramente es un honor porque es la mayor condecoración que entrega la región del Maule a uno de sus ciudadanos, y nada más ni nada menos que con el nombre de nuestro gran poeta Pablo Neruda. Pero, por sobre todo, lo recibo con mucha humildad porque este reconocimiento no es solo a mi persona, es a todo el equipo que trabajamos en la Unidad de Paciente Crítico del Hospital de Curicó, a todos los funcionarios del Hospital de Curicó, a todos los funcionarios de salud de la región del Maule y, en su extensión, a todos los funcionarios de salud del país.

Lo tomo, en ese sentido, con mucha humildad, mucha satisfacción y mucho honor.

IL.- Usted puede hablar desde la experiencia de las regiones. ¿Cómo han vivido las regiones este año y medio de pandemia?

JC.- A las regiones nos puso un desafío muy mayor. Por ejemplo, en nuestra provincia no existen hospitales alternativos, nosotros éramos y seguimos siendo el hospital principal de la ciudad. Esto quiere decir que si nosotros no les dábamos una atención adecuada a nuestros pacientes, estos pacientes se quedaban sin una atención correspondiente, porque no tenían otra alternativa para tratarse.

Esto fue ocurriendo en gran parte de las regiones. Santiago, Concepción, Valparaíso y otras ciudades importantes no han tenido que lidiar tanto con estas situaciones, pero aún así se ha abierto un sentido de colaboración, lo cual ha sido muy importante para poder sobrellevar esta crisis. Una de las cosas primordiales que hemos aprendido es el sentido de la colaboración en salud, y no solo en salud, sino que también en otros aspectos.

Esto permitió, en algún momento de la pandemia, que Santiago recibiera pacientes desde Punta Arenas, o nosotros recibir pacientes provenientes de Santiago; a su vez, que nosotros, en una oportunidad, debimos trasladar un paciente desde nuestro hospital hacia Punta Arenas. En un contexto de “normalidad” esto sería impensable, pero no teníamos otra opción.

Hubo un proceso muy dinámico que, afortunadamente, fue afectando a las regiones de manera consecutiva, pero no simultánea. Esto permitió a las regiones brindarse ayuda mutua y liberar las cargas que cada una traía.

IL.- Llevamos un año y medio de pandemia en nuestro país. ¿Qué tan diferente ha sido la gestión entre el año 2020 y 2021?

JC.- Lo que ocurre es que han sido escenarios muy diferentes. El año 2020 no había inmunización. Creo que lo acertado al respecto es que nuestro país compró vacunas en verde. Se hizo una inversión riesgosa porque no sabíamos si tendría un efecto positivo o no, lo que por suerte terminó siendo un gran acierto.

El año 2020 no conocíamos la enfermedad. El fallo en este año es que no se hizo una adecuada prevención, allí perdimos la oportunidad de hacer una trazabilidad oportuna de los casos. Si hubiésemos hecho una mejor labor en este aspecto, se habría alivianado contundentemente la carga en los hospitales. Hubo un énfasis claramente insuficiente, lo que provocó que todo el peso de la primera ola cayera sobre los hombros de la atención primaria de salud.

Teníamos la posibilidad de haber hecho las cosas mejor el año pasado. Los recursos estaban, pero lamentablemente las prioridades fueron otras. Por suerte, esta situación ha cambiado en el presente año.

IL.- ¿Qué enseñanzas debería dejarnos esta situación tan compleja, una vez que la superemos?

JC.- Estamos, pese a la alza de casos, en un momento de mayor reflujo dentro de esta crisis. Esto nos da un momento de tranquilidad y un momento de reflexión sobre lo que hemos hecho bien y lo que debemos corregir.

Lamentablemente no tenemos certezas de lo que vaya a pasar de aquí en adelante. La realidad es que mientras no vacunemos a toda la población mundial –y ojo que hay países que apenas han avanzado en este proceso porque no tienen recursos para hacerlo– vamos a tener una amenaza permanente. Esta pandemia se va en la medida que todos, los ricos y los pobres, estén vacunados. O cerramos todos los puertos y aeropuertos, o vacunamos a todos para que exista menor riesgo de contraer la enfermedad.

Lo segundo va en el sentido de constatar que, a pesar de que tenemos una sociedad completamente desarrollada, no abandonamos nuestro sentido de fragilidad. Este es un ejercicio doloroso porque significa darse cuenta de que han muerto millones de personas a nivel mundial y miles en nuestro país, pero son importantes estas reflexiones porque nos permite acercarnos a la perspectiva de cómo enfrentamos estas nuevas amenazas que nos acechan, porque es muy probable que vuelvan a ocurrir.

Y quizás lo más importante por mejorar de aquí en adelante es el rol del Estado en la gestión de las situaciones críticas. Muchas veces se ha escuchado a gente decir que mientras menos Estado, mejor están las personas. Este es un tema que hay que reflexionarlo. Necesitamos un Estado eficiente y suficiente, que sea capaz de controlar en el sentido del bien común, que a veces significa restringir algunas de nuestras libertades, como en las cuarentenas. Ha debido ocurrir esta crisis para darnos cuenta de que cosas tan cotidianas como movernos por las calles son importantes, pero a la vez muy volátiles.

IL.- Estamos en el proceso de escribir una nueva constitución. ¿Cómo podríamos asegurar el acceso a una salud digna y de calidad en la escritura de esta nueva carta magna?

JC.- Si algo hemos vivido ahora en este último tiempo, podemos darnos cuenta que nuestros derechos colisionan entre sí. Creo que en la nueva constitución debe estar garantizado el acceso a la salud y todos sus procesos y para todos los ciclos vitales, desde el nacimiento hasta la muerte. Creo que esto se debe garantizar, ojalá con modelos únicos, y que puedan ampliarse a las necesidades o solicitudes de cada ciudadano.

Si se debe garantizar algo, debiese serlo en los aspectos más primordiales como oportunidad, calidad en la atención y, así, tener un estándar fijo para todas las personas, independiente de cuales sean sus capacidades de pago. No puede haber ningún tipo de discriminación. Sin salud, no hay calidad de vida, esa es la idea, porque la salud es la condición primera. En cada ciclo de la vida, la salud es la condicionante.

Para ver la entrevista completa, entre al siguiente link:

https://www.youtube.com/watch?v=1cqGybEUBlU

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