DECISIÓN 21

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Rubén Farías Chacón

Recordando el programa de TVN (1970), se decía que las elecciones presidenciales de ese año (04/09/1970) entre Salvador Allende y Jorge Alessandri eran las más importantes de esas últimas décadas. Posteriormente, y con motivo del plebiscito (05/10/1988) entre el “SI y el NO”, se sostenía algo parecido, aunque, en este caso, no se trataba de una decisión presidencial, sino del término de la dictadura y el retorno a la democracia. En la elección presidencial en la que Patricio Aylwin obtuvo la presidencia, (14/12/1989). una vez más también se dijo lo mismo y, hoy, pasado ya 51 años, (19/09/2021) la afirmación se repite: estas elecciones, también son las más importantes de las últimas décadas.

Pero, ¿por qué a este tipo de elecciones se le asigna la importancia indicada? Al parecer, por considerárselas, por una parte, como el término de un período cuyo gobierno cumplió sus funciones bien, regular o mal según haya sido el juicio de valor que sus partidarios y/o la oposición le asignen. Es, por lo tanto, la evaluación a un período gubernamental en el que se confió la posibilidad de mejoramiento de los variados problemas que aquejaban a la sociedad y que podrían haberse resuelto pero que no se logró. Esto último debido a los desmedrados resultados de la aplicación de decisiones poco afortunadas que, al no haber tenido oportunamente en cuenta la voluntad popular, sus acciones lentamente se desvían hacia objetivos distintos del bien común y de la justicia social, en general. Por otra parte, la elección de un nuevo gobierno se expresa en la oportunidad de conseguir hacer lo que el anterior no obtuvo. Sin embargo, esto no es sólo la esperanza de cambios que se desea, sino la decisión de aplicar un diferente criterio de gobernabilidad, aunque no necesariamente en la línea de continuidad del que termina.

Otra razón interesante de considerar importante del acto electoral presidencial es comprender lo insólito que resulta que el tiempo previo al acto mismo quienes disputan el sillón presidencial lo hacen justificando su participación por el sentido negativo que significa el movimiento político del contendor, todo lo cual se manifiesta en ataques personales, descalificaciones, divulgaciones de falsas informaciones, desprestigio al adversario y, como consecuencia de todo ello, provocación de temor social que inhibe a las personas a ser libres en su conciencia de determinar su propia opción de elegir a quien considere sea el más idóneo para el cargo en cuestión.

Lo más grave de todo esto es la indirecta intimidación que sobre la población se ejerce respecto de las consecuencias que significa decidir por una determinada opción respecto de la otra, obligando a los electores indecisos a adoptar una determinación que no responde a los dictados de sus propias conciencias que es lo que verdaderamente valida dicha decisión.

Es deseable que en esta elección presidencial se imponga el buen criterio, haber comprendido a tiempo el sentido de las propuestas y no mantenerse en el ámbito de aprobar livianamente lo que otros dicen, suponen, creen, publican u opinan, especialmente cuando ello no se encuentra plenamente verificado y, por el contrario, decidir a partir de lo razonablemente justo y en base a informaciones auténticas, contrastadas y confirmadas en la realidad que representan los hechos.

Es de esperar que los derechos sociales adquiridos a través de la historia de nuestro país, no se malogren por decisiones no bien pensadas y el acto electoral y sus resultados cumplan con los fines democráticos programados en favor de un futuro desarrollo justo para todos los chilenos.

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