UN CONOCIMIENTO AL FUEGO

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Rubén Farías Chacón

Hace 422 años fue muerto, quemado vivo en la hoguera, el astrónomo, filósofo, teólogo y poeta italiano GIORDANO BRUNO, una brillante inteligencia. El motivo, ser “blasfemo, hereje e inmoral; así como por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo”[1], al que consideraba “como un conjunto que se transforma continuamente, que pasa de lo inferior a lo superior y de éste a aquél, por ser, en el fondo, todo una y la misma cosa, la vida infinita e inagotable”[2]

Pensar si hoy un acto como el descrito pudiese efectuarse, es un absurdo, pero no así, si lo que se desea es entender por qué un suceso tan cruel y salvaje era autorizado y puesto en práctica bajo la responsabilidad de la autoridad religiosa de la época: la Inquisición.

Aunque el pasado no debe juzgarse con la visión del presente, el hecho, sin embargo, no deja de intimidar, quizás, no en los mismos términos del recuerdo histórico de cómo se efectuó el castigo a Giordano Bruno, sino al comprobar que, a través de la historia, estas controversias siempre culminan cuando quien detenta el poder elimina a su opositor. Semejante realidad, pero en distintos tiempos, escenarios y protagonistas, no son expresiones de tolerancia, ni de justicia, ni de política. Es, sin embargo, la demostración de conductas humanas que marcan espacios ideológicos de conquista, de mantención o de ampliación de los mismos con el fin de ejercer y aplicar el poder en su máxima expresión[3].

Lo ocurrido con el protagonista de este capítulo de la historia, permite reflexionar acerca de las causas que provoca, en algunos seres humanos, ese deseo incontrolable de someter al otro a la perversidad del dolor, de la angustia y a la impotencia de aceptar la humillación sin poder hacer nada. Más grave es aún la situación, si el hecho tiene su origen en las acciones de otro ser humano y se agudiza cuando tales personas justifican su hacer en el cumplimiento de una misión divina.

Situándonos un poco en esos tiempos, de los motivos conocidos, la herejía constituyó la actitud de mayor gravedad y cuya sentencia ameritaba, en muchos casos y como ya se ha dicho, la muerte de quienes eran identificados como tales.

Ante situaciones como éstas y en tipos de organizaciones sociales características de aquellos siglos, instituciones como la Inquisición fueron legalmente creadas con el consentimiento de la máxima autoridad de la Iglesia católica, como fue el caso de la creación “de la Inquisición Pontificia o Inquisición Papal, mediante la bula Excommunicamus del papa Gregorio IX, (1231) (…) y, posteriormente, ”la autorización del papa Inocencio IV autorizando el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos de la Inquisición, mediante su bula Ad extirpanda, (1252)”. Esta misma fuente señala que “Bajo la lógica de la Inquisición, una simple acusación de brujería, pacto demoníaco, alquimia, homosexualidad (sodomía), paganismo, herejía (desobediencia de los mandatos cristianos) o apostasía (rechazo al dogma católico) eran suficientes para motivar una investigación. Durante la misma, cualquier aparente confirmación de sospecha acarreaba un juicio y una sentencia. Los acusados no tenían mayor oportunidad de defenderse, o generalmente la tenían luego de haber sido destruidos física y psicológicamente bajo tortura”[4].

En atención a lo descrito, ¿qué defendía y/o protegía esta autoridad supuestamente de origen divino, autorepresentativa de un Dios creador de todo lo existente en esta vida y depositaria, además, del poder concedido por esa misma divinidad, al actuar y decidir sobre la vida de las personas por considerar que otras formas de pensamiento constituían un peligro para la sociedad que dirigían, generando reacciones tan siniestras y perversas, pero que eran forzosamente aceptadas?

Es obvio, que tanto estos hechos, así como mucho otros que existieron, ocurrieron en épocas en que las sanciones para quienes se oponían a las creencias que fundamentaban el ejercicio del poder de entonces, los herejes, eran “normalmente” aprobadas. Por esta razón, quien osara manifestarse en contra de la línea oficial de una creencia, no se le enfrentaba en el plano de las ideas, sino que, simplemente, se le sancionaba a través del valor de su propia vida. De este modo, se garantizaba la continuidad del acceso al poder político y sus relaciones.

De los más variados significados de herejía, en cuanto a las ideas contrarias a los dogmas religiosos, existe una interesante visión cuyo autor sostiene que: “constituye una de las formas de libertad, ya que su característica principal es que el hombre se refugia en su consciencia frente a los dictados del poder, (…) y describe la herejía como un refugio necesario en épocas de pensamiento único. (…) Se trata –escribe– de una constatación histórica: la fe se fue perfilando a golpes de herejía”[5].

En cuanto al hereje mismo, se sabe de sucesos propios de esos tiempos. El siguiente cuadro es una síntesis de algunos ejemplos de lo ocurrido durante esos tiempos[6]:

AñoAcontecimiento
1589En Warboys, Inglaterra, familias enteras son condenadas y ejecutadas por brujería
1609Pierre de Lancre ejecuta en el sur de Francia ejecuta cientos de condenados por brujería
1616En Bélgica se ejecutan más de diez mujeres
1621En Noruega, decenas de mujeres son ejecutadas por brujería
1652En Wiesensteig, Alemania, 67 mujeres son quemadas por brujería
1692En Massachussets, Estados Unidos, cientos de condenados por brujería y veinte ejecutados
1728En Hungría, son ejecutadas quince personas por brujería
Otros casos emblemáticos
1616-33Galileo Galilei fue acusado por defender el modelo heliocéntrico
1431Juana de Arco fue condenada a la hoguera y ejecutada, etc.

Por cierto, que la explicación tradicional de comprender el hecho de acuerdo a las circunstancias de ese pasado, es válido. Lo que sorprende es que en la actualidad y después de 422 años, la sociedad humana actual ha vivido hasta el presente situaciones similares respecto de quienes piensan diferentes, con características distintas, pero no por eso menos dramáticas y que alcanza hasta nuestros días.

En efecto, la animadversión por el que disiente se explica como una patología que altera el equilibrio de lo que debiera ser una sana y normal convivencia social. El caso de Giordano Bruno —que representa lo que hoy es una barbarie incalificable— debe considerársele, además, en sus relaciones con el significado que tiene el conocimiento racional, científico y verificable, enfrentado a los dogmas irracionales, carentes de base científica e inverificables. Sin embargo, cuando esto último está dotado del poder que el mismo Estado le otorga a la institucionalidad religiosa, su ejercicio carece de límites que no sean los que los mismos responsables consideran que deben aplicarse y que, por cierto, afecta a quienes discrepan por pensar sobre asuntos que exceden lo establecido, pero no lo hacen, sin embargo, por los efectos que producen los verdaderos delitos cometidos en contra de la dignidad humana.

El recuerdo que se hace de Giordano Bruno no es un acto de intentar conocer la infinidad de sucesos históricos de la Humanidad, sino de recuperar la memoria del pasado y demostrar que, en la línea evolutiva del ser humano, el aporte de su inteligencia en el arte de la comprensión de la vida, de sus obras y de su pensamiento han sido insuficientes en las experiencias vividas

Todo se arruina si la inteligencia se ensombrece por la ausencia de virtudes, que hace que las ideas, los sueños, las esperanzas, los principios y los valores se les subestime como el capital humano de mayor importancia que todo ser humano lega a sus descendientes.

Ante la adversidad que las grandes inteligencias han debido sufrir para demostrar sus verdades, las otras y pese a las metas alcanzadas dejando sus propias vidas en ello, el tiempo se encarga siempre de recordarlas.


[1]    https://es.wikipedia.org/wiki/Giordano_Bruno

[2]    FERRATER MORA, José. Diccionario de Filosofía. Tomo I A – K  p. 235. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1964.

[3]    Ver más informaciones: Territorialidad de Heriberto Cairo Carou. Universidad Complutense de Madrid. https://webs.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/T/territorialidad.htm y Territorialidad en animales y seres humanos, http://www.ub.edu/psicologia_ambiental/unidad-3-tema-5-7-3.

[4]     https://www.caracteristicas.co/inquisicion/

[5]    CAPÓ, Daniel, comentando el ensayo de Antonio PAU, Herejes La herejía como refugio ante el pensamiento único. En este mismo texto figuran diferentes casos de herejes que en sus respetivos tiempos  se rebelaron ante la autoridad de la iglesia. https://www.nuevarevista.net/la-herejia-como-refugio-ante-el-pensamiento-unico/

[6]    https://www.lineasdeltiempo.com/2018/12/historia-de-la-inquisicion.html

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