¿Volverse invulnerable? O ser vulnerable y no fallecer en el intento

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Artemisa Frejya

Apenas ingresé a la consulta esta mañana Claudia muy preocupada me contó que ayer, a última hora, en momentos en que yo me encontraba ocupada con un paciente poseído de afanes suicidas (en mi consulta predominan de dos tipos; los que sueñan con saltar al Metro y los que acarician la idea de arrojarse al vacío al interior del Costanera Center), había llamado un hombre para pedir hora urgente, quería ser atendido ayer mismo, pero era pasada la hora, había concluido la jornada y ella se marchaba de modo que lo anotó en primer lugar para hoy. Ya había llegado y me esperaba sentado en el diván de mi consulta.

Ingresé, di los buenos días y en tanto colgaba mi gabardina en el perchero le pedí que me contara qué le sucedía que era tan urgente:

El hombre, un adulto mayor, frisaba la cincuentena y pintaba algunas canas en los costados, conservando la serenidad y con un tono de voz donde detecté una ligera vibración sísmica expreso:

  • En toda mi vida me había sucedido algo similar y le voy a confidenciar que yo me considero muy duro para reaccionar, pero ayer me sucedió -yo trabajo en una financiera aquí en Lyon con Nueva Providencia- que, en un momento determinado, serían como las once de la mañana tuve que ir al baño, necesitaba orinar, al ingresar estaba en silencio, bueno, ahí son tres o cuatro baños de hombres. Mientras me encontraba de pie ante el urinario, de pronto me sacudió la voz de alguien que desde el interior de uno de los baños gritaba entre sollozos: No resisto más, no doy más. Dios por favor ayúdame, aquí no le puedo contar a nadie que estoy echo mierda, que no resisto un día más. Todos son perfectos, todos ellos son impecables, jamás se equivocan, parecen hechos de acero. Son invulnerables. Ayúdame por favor…
  • Salí en silencio y regresé a mi escritorio. El que estaba ahí dentro, lo vi salir a los pocos minutos, era Ramón, mi compadre. Nunca me había dicho nada. Ni yo imaginaba que se encontrara tan mal. Y la jornada cambio de raíz. Pensaba ¿Tan mal esta? Y yo trabajando a su lado no me di cuenta. ¿Me estoy quedando ciego o estoy insensible a un grado extremo?  Y, no es que esto me preocupe, pero no puedo dejar de preguntarme ¿qué está sucediendo conmigo?

No solamente caen las personas, existe un motivo por el cual todos los imperios caen al final: no son vulnerables. Solo lo vulnerable, como la vida, perdura y prevalece. Solo el amor triunfa, siempre. Legado también del patriarcado, la dureza nos ha hecho un flaco favor: nos ha tornado rígidos, inflexibles, atrofiados, limitados, soberbios, vacíos, superficiales y estancados. Y todo bajo el pretexto de evitar el dolor. Lo que el patriarcado no calculó es que en el dolor emocional está todo el crecimiento. En esta anulación y atropello de la energía femenina, el machismo se privó – con un disparo en el pie- de todo aquello que otorga vida y crecimiento. Todos los grandes y pequeños momentos de la historia en absolutamente todas las esferas de la realidad, han sido posibles gracias a los momentos infinitos de vulnerabilidad de los héroes y heroínas que lo han hecho posible. Momentos cruciales de fe, esperanza, fortaleza, consciencia, generosidad, entrega, sacrificio, visión, transformación y toda la palestra femenina han hecho realidad en nuestro planeta los más grandes milagros redentores, tanto en lo personal como en lo social y colectivo. ¿No era acaso Mandela vulnerable? ¿No lo fue Rosa Parks? ¿No lo fueron Van Gogh, Einstein, Lennon, Krishna?

¿No se rindieron momentáneamente a la locura y la desesperación?

 ¿No experimentaron ganas de abandonar este plano? ¿No perdieron en algún momento la fe? ¿No sintieron una fulminante falta de importancia personal? ¿No temieron que su legado fuera inexistente para la humanidad?

 Pero es justamente esa vulnerabilidad la que les hizo transformarse profundamente. El milagro de la transformación, el despertar de la consciencia y alcanzar nuestro potencial solo se produce cuando somos llevados al límite de nuestras capacidades y somos nosotros los que permitimos esa alquimia extenuante.

Ser vulnerable me permite derretir las defensas y acceder a los poderes de mi alma para llegar a mi esencia.

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