Los murmullos de la ausencia

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Miguel Littin Kukumides / Editorial Universidad de Talca / Novela – 278 páginas

Roberto Rivera Vicencio

Presidente Sociedad de Escritores de Chile

 

Así comienza la novela, con una advertencia: Se trata de la transcripción de unos cuadernos encontrados en una casa de campo derrumbada un 27.02.2010 día del terremoto –dice– y escritos por un tal Pablo Ramiro. El autor-narrador cree que es un monólogo, pero son voces que se mezclan en un intento de ordenar como relato el testimonio de un diálogo o de las ruinas de un relato, pero de qué ruinas…, aquellos cuadernos, la casa en ruinas, las familias en ruinas, la sociedad en ruinas, el tiempo en ruinas, y cuyo objetivo es imposible, imposible no pretender nada y solo quiera dejar llorar a su corazón.

La historia

Un hombre busca a Pablo Ramiro (que hace años nadie lo ha visto), recorre completa la remota aldea de Palmilla en su  búsqueda, incluso pregunta por él al almacenero que confiesa ser el “Chuchas”. La voz diversa de este pueblo lo desinforma, lo hace girar en vano y en falso, lo conmina a que se vaya, que no moleste, que no venga a remover escombros reales, humanos y sociales, en un pueblo que es una Comala, un pueblo fantasma, que a veces lo es y otras una geografía en tinieblas, donde no sabemos si quienes lo habitan están muertos.

“Aquí es la ausencia, ¿me entiende caballero? -explican- Y si lo pilla la noche y no encuentra donde dormir, métase debajo del puente de madera y espera la amanecida con los ojos abiertos, sin pestañear. Y si le hablan de noche, no responda. Si amanece vivo, parta rápido de aquí y no regrese nunca más.”

Pero el visitante no escuchó la recomendación, se quedó y escuchó todos los fantasmas, los gritos de los ahorcados…desechó sus recuerdos pero estos persistían, intentó olvidar…

Finalmente el Petates (así lo hará llamar) encuentra a Pablo Ramiro, pero no, encuentra una voz, como en sueños, en un diálogo sonámbulo, lleno de sobreentendidos, de personas, de recuerdos, como en un naipe de engaños y omisiones, un juego de truco, un rompecabezas que cuando se comienza a componer el paisaje cambia y surge otra figura que suma otro cuadro o historia a recomponer. Así aparece un tercer personaje, Yannoni, el argentino, el porteño errante, amante de la gitana tropical, siendo estos tres personajes los que formen una primera triada que sostendrá el relato hasta el final en esta larga y fría y extraña noche.

Un ser repartido en tiempos, descuartizado, sangrante, así se identifica Pablo Ramiro, yo no soy ni presente, ni siquiera pasado, y advierte que todo lo que digo es un recuerdo de un recuerdo, y así por este lado tenemos la estructura novelística de lo que se cuenta, dos voces que enhebradas en recuerdos unos dentro de otros…en diversas historias ensamblándose ¿en búsqueda de qué? De los varios enigmas que arman la anécdota de “Los murmullos de la ausencia” podemos encontrar los siguientes motivos:

  • La saga familiar fundante e inmersa en la historia.
  • El pasado histórico revolucionario anarquista y libertario.
  • La historia reciente del país y el triunfo de la Unidad Popular.
  • La mujer revolución y compromiso en otra triada, Carmen Manuela, Jana, Anna…
  • La historia de Pablo Ramiro, el último de los Kukumides, que ya no es él, sino otro, que ni siquiera está seguro de estar aquí, desbarrancándose en el precipicio de lo que quisimos ser y no pudimos, muerto tal vez, solo una voz.
  • La represión y la oscuridad fantasmal en que se sume la sociedad y esta Comala Palmilla.
  • El desengaño y la derrota sumergidos en voces fantasmales, en recuerdos de recuerdos. Un transcurrir interior que solo se detiene con la muerte de Salvador Allende.
  • El amor perdido y añorado por siempre.
  • La búsqueda del padre como motivo central y vínculo con la historia central.
  • El eterno retorno y la circularidad del relato, el Petates alrededor del mundo y Pablo Ramiro.

Los personajes

Por una parte tenemos a la generación fundante de esta épica que no son precisamente los encomenderos y sus descendientes, en una suerte de épica distinta que viene del Oriente, de las montañas de Grecia y de los palestinos que huyen de las guerras y persecusiones ancestrales, ahora de los turcos. Insertos así en un relato bíblico, Kristos Kukumides, su padre, que después de romper el sortilegio de Palmira llega a Jordania y en una de las aldeas de Judea, divisa a Appi, prima hermana de su amigo palestino cristiano Salman Alyatim, con quien se establecerá en Palmira-Palmilla.

Construye su casa sobre la derrumbada casa de los jesuitas de 1700, será “La casa de las cuatro estaciones” y su permanente diálogo con esta novela anterior.

Texto entonces que dialoga con textos bíblicos y con una novela anterior del autor “El viajero de las cuatro estaciones” y de paso con “Cien años de soledad” de García Márquez, con uno, o varios guiños al realismo mágico. Con el “Viaje a la semilla” de Carpentier y el “Pedro Páramo” de Juan Rulfo.

Cierra el ciclo María de Argos, su madre, anchurosa como nuestras caciques mamaconas, que soportan el peso de una patria entera, hija de Isolina, fruto del misterio de la Inmaculada Concepción.

Por otra aparece en escena Helena Beatriz traída por Yannoni, el argentino anarquista que envía el periódico “El hambriento” El solo escuchar ese nombre enferma a Pablo Ramiro, de aquella que añadía misterio a un rostro ovalado y fino jamás visto en estas tierras. “Cuídala mucho, amigo”, le ha dicho en la primera asamblea anarquista celebrada en los picachos de la cordillera…gitanos, judíos no son bien vistos Hungría, Alemania, Argentina…la deja y sigue en el tren. Se enamora de ella y la joven Carmen Manuela será la rival y en ella crece la envidia. Nace Ian, un niño que Pablo Ramiro ama aunque no es su hijo.

María de Argos la instala como sirvienta en la habitación tras la cocina. Helena Beatriz amará a María de Argos, será su sombra.

Aquí las pasiones desatarán el quiebre entre los hermanos, el “Chuchas”, José Eliodoro Kukumides, hermano mayor de Pablo Ramiro seducirá a Helena Beatriz y se rompe el círculo familiar al amenazarlos de muerte y expulsarlos del ámbito familiar. Aquí comienza el martirio que acompañará de por vida a Pablo Ramiro. Jamás podrá olvidar a Helena Beatriz, la gitana. Carmen Manuela, la revolucionaria, toda la vida luchará porque él la olvide.

Un día regresa Yannoni tan de paso como antes y se lleva al niño, a quien el notario, a instancia de María de Argos han inscrito como Ian Kukumides de Argos.

En Helena Beatriz se concentra la Helena de Troya “robada” por París y la guerra que lleva a la destrucción de la casa de Palmilla, al regreso de Pablo Ramiro, ellos ya no están, han esquivado la amenaza de muerte y encuentra la casa en ruinas, o su alma ha caído en ruinas, de ahí en más ya no están los padres fundadores, o si están quedan fuera de su espectro narrativo, rememorando o entrando en el segundo nombre Beatriz, con el infierno de Dante, lo suyo será un infierno sin fin, muchas veces cruzará el agua sin consuelo.

Dos triángulos enfrentados Pablo Ramiro, Helena Beatriz en disputa y el “Chuchas” como contrincante. El otro triángulo Helena Beatriz, Pablo Ramiro y la contrincante Carmen Manuela, o el Jardín en Dios.

Estos serán los personajes atávicos de la novela que permanecerán en disputa hasta el fin de los días o de las páginas con una Helena Beatriz que finalmente es una desentendida del drama que ha provocado.

El relato épico, esta suerte de poema quedará circunscrito a estos personajes, quedando fuera sólo un personaje desmembrado de este círculo en permanente ebullición, de destrucción y olvido. Habrá de seguirlo en su búsqueda de sí que a la vez es el derrotero de la revolución, la resistencia, su origen y el punto de partida del cual integra su personalidad en un todo del cual renace el mito, la épica social y familiar. Un fuerte y conmovedor final de novela, donde no hay una sirvienta que reconozca su herida como Ulises, sino una sola herida abierta de la cual toma la antorcha, el testimonio que en sí recae y asume la responsabilidad de continuar, el círculo se cierra para recomenzar.

Los personajes secundarios y/o el otro u otros mundos de la obra.

Con Carmen Manuela, que no es personaje secundario, sino central y desencadenante seguramente de los olvidos de Pablo Ramiro, abre un mundo a esa Palmilla sonámbula que aparece como tras una confusa resolana de recuerdos y un deambular de fantasmas, abre el mundo del otro Chile, el Frente Popular y el tren de la victoria de 1964, Allende recorriendo el país y las luchas revolucionarias, en este punto la niebla se disipa sobre Palmilla y se llena de vida y colores, de músicas y poesías, de alegría, de Gabriela Mistral y Pablo de Rokha, el de Licantén, que significa hombre fuerte o fornido,  pero el tren se va y Carmen Manuela con él. Así cada vez que regrese traerá ese otro Chile iluminado, de la Pampa del Tamarugal, Punta Arenas, Iquique, que recorre en gestas y misiones revolucionarias, en San Diego y una Alameda colmada de gente, taconeando por Concepción y Valdivia, donde el tiempo transcurre, mas son mención más que mostración de mundo concreto, de paso le dejará un arsenal obsoleto escondido en cristalerías y la aldea queda huérfana otra vez luego de la euforia en las breves horas que se detuvo el tren de la victoria, un sospechoso incendio consume luego a Palmilla, los vecinos allendistas Zuloaga mueren calcinados, Salman se libra pero pierde su casa, y el militante Cubillos el revolucionario desaparece.

El relato a ratos juega con textos de realismo mágico y el cuento de las mil y una noches, Allende pierde y la aldea se pierde en el olvido, hasta 1970 en que gana Allende y Carmen Manuela regresa siempre de a ratos.

La caía de La Moneda y el golpe de Estado ocupa un lugar central en la obra, en el sentido de jugar un papel de bisagra respecto de su antes y su después, los mil días más felices ahí, entre un mundo campesino, un mundo de ilusiones y conquistas y el desarraigo y la nada posterior de intensa niebla y sombra sin luces ni destellos, el texto toma las palabras, o este recuerdo de recuerdos de los cuadernos hallados toma la voz del compañero presidente y se despliega en su soledad, temprano madrugó la madrugada, y la voz lo sigue y repite su voz como si estuviera allí, testigo presencial o pre esencial su dolor, mucho más temprano que tarde abrirán las alamedas…fuimos tan felices y nos duró tan poco, tengo mucho miedo y no sé qué hacer, ni dónde ir, ni a quien escuchar…

Y una nueva geografía, la geografía del exilio es el mundo en el cual transcurre ahora la narración, el Petates en Roma y su torturador Ferrada disfrazado de cura, ¿por qué? Atentan contra Bernardo Leighton, y Jana será la revolucionaria que lo dirija a los contactos y misiones en la Italia, la que lo lleve al matadero para empatizarlo con la sangre y el horror, que para él hasta ahora son figuras literarias, por eso lo arrastra ahí, tómame lo insta, y lo desplaza a otro escenario, espérame en Lisboa, en tanto Chile es niebla y seco combate, aquí la regalada vida del exilio, ayudista, eso es lo que era, un miserable ayudista sin derecho a la gloria, condenado a llevar mensajes, conseguir recursos, enviar y recibir misivas, en los barrios italianos de Trastevere, el camino a Lisboa. España, los atentados, el hotel gramschiano Resurgimiento, y el homicidio de Jana por el pastor torturador Ferrada que casi lo ultima a él, luego París, y Cuba con ese extraño encargo y Yannoni instalado como encargado de la Coordinadora Latinoamericana y Ana, otra maravillosa revolucionaria de amor constante más allá de la muerte, una ciudad llena de cuidados, y de fiestas ocultas, prostitución, severos controles, misteriosa, Argentina, todo ellos existe, es paisaje y ciudad, personajes que vibran en tanto al interior la oscuridad y la muerte, y Salvador Allende sigue muriendo cada día, lo mata el olvido…dice Pablo Ramiro que comienza a salir del reino de los sueños para ingresar a la más que ambigua realidad cuando ya Petates es Alejandro y eso le hace sentido, lo retrotrae a la militancia, a los mensajes en clave.

En aquel viaje que cruzan las aguas encuentran a los desaparecidos que hablan, junto con Allende nos fuimos todos suicidando, yéndonos de este mundo dicen, suicidándonos para esconder la cobardía de los vivos, Pablo Ramiro, para que no se te olvide, mírame las órbitas vacías de los ojos, mírame el cuerpo quemado con sopletes, la carne chamuscada, mírame como me quebraron los brazos, mírame la boca rota, mírame el corazón hecho pedazos, el viaje es al mismo infierno construido por la dictadura y de ese infierno pueden salir con la joven Leticia, un infierno que no es una pesadilla sino de la más cruda realidad.

El Diálogo infinito

En este diálogo infinito el Petates por sus zapatos de cuero trenzado como lo llama Pablo Ramiro, le confiesa su desconsuelo y un consecuente viaje a los infiernos, hundido en cantinas y vinos turbios, pecadores, andando por callejones, cargando la muerte llega al fondo de sí, a la autodestrucción, pierde la noción de los días luego de beber el chamico, la bebida maldita como el tabacazo que vuelve imbéciles a los hombres.

En tanto el Petates trata que este diálogo esclarezca el pasado, el pasado revolucionario, la resistencia armada posible, aún consulta por los fierros, a lo cual nunca Pablo Ramiro, en tanto no sepa con quien habla desde su sonambulismo, tendrá tentación de esclarecer, pero el Petates insiste en dilucidar ese pasado, en darle realidad y por ello mismo comienza a entregar retazos de su vida que no logra asir del todo, y por ello pregunta, porque también su pasado es de tinieblas, sólo su paso por la lucha revolucionaria es real, o toma sesgos de realidad palpable, el resto, pide, se rinde a todo porque Pablo Ramiro, se dé la oportunidad de esclarecer pasajes que hubieren compartido y alumbre la nube que los tiene en un diálogo huidizo, sin contrapeso, en que cada quien en vez de responder prosigue con una idea peregrina que se vuelve monólogo interior, interrogante de sí en el cual sus voces se confunden e intercambian, derivando en un otro desconocido, un cuasi metafísico otro cuyas dudas apuntan al ser y su suerte, a la vida dentro de la muerte para luego abrirse nuevamente en este permanente diálogo de la incomunicación que, al paso de la noche, de esta noche que son todas las noches de la vida, comienzan a encontrarse en el drama y las sincronías del vivir.

La neblina se disipa con las actividades y hechos revolucionarios, las primeras reuniones ácratas al parecer efectuadas en del edificio a medio terminar, la mampostería del posible hospital más allá de las Termas del Flaco, allí estuvo Kristos Kukumides y Pablo Ramiro también, tal vez en tiempos distintos pero en un único acto que los integra y es el mismo, el tiempo curvo se junta para hacer de aquella gesta una unidad.

Y la trama prepara su golpe final, los tiempos convergen, la niebla se disipa y el diálogo sonámbulo toma carácter de realidad, el círculo se cierra para recomenzar porque será el Petates quien tome la antorcha el testimonio que lo inserta en el mito y los ritos familiares y sociales que deben continuar. El resurgimiento. El resto es tarea del lector.

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