Ecuatoriano Paz y Miño reclama el Estado laico

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César Paz y Miño es Director del Centro de Investigación Genética y Genómica de la Universidad Tecnológica Equinoccial, y académico de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. El Premio «Matilde Hidalgo a la Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación 2015», dentro de la categoría «Científico del Año». El premio Matilde Hidalgo fue creado en honor a la primera médica ecuatoriana, feminista, primera mujer en votar en una elección democrática, primera mujer candidata y Diputada.

Ayer 20/05/17 ha publicado una opinión en el diario ElTelegrafo.com.ec de Guayaquil, donde aborda algunos de los problemas de la sociedad ecuatoriana y que proyecta a la realidad latinoamericana, bajo el título “El Estado es laico”.

 

Estamos casi acostumbrados a oír que el Estado ecuatoriano es laico – señala. – Esto se dijo en la posesión de los nuevos asambleístas, pero al parecer se olvida qué mismo significa el término. Laico es el que no abraza una orden clerical, o es independiente de cualquier organización o confesión religiosa. “Laicismo es una corriente de pensamiento, ideología, movimiento político, legislación o política de gobierno que defiende o favorece la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir, de forma independiente, ajena a las confesiones religiosas”.

“Su ejemplo más representativo es el “Estado laico o no confesional”, lo que significa que un Estado (nación o país), “es independiente de cualquier organización o confesión religiosa o de toda religión”, y lo más importante: “las autoridades políticas no se adhieren públicamente a ninguna religión determinada ni las creencias religiosas influyen sobre la política nacional”.

“Esto sería en un Estado afianzado, desarrollado, comandado por el empirismo racional. Y aunque la Constitución de Ecuador sí habla del Estado laico, se ha hecho hábito el hecho de patrocinar la religión personal en actos o declaraciones públicos. Lo más grave es que las posturas religiosas se imponen también a la hora de formular políticas públicas. Los países más avanzados en legislación, en derechos civiles o reproductivos, que protegen el derecho a la eutanasia, eugenesia y aborto terapéutico, muerte asistida, testamento vital, diagnóstico prenatal, entre otros derechos, son justamente los países más desarrollados”.

“No así los países latinoamericanos, que tienen una débil política de apoyo a estos derechos, e igual Ecuador. Como médico genetista laico he luchado 30 años por estos derechos y, contradictoriamente, he visto cómo se han deteriorado. Cuando comenzamos con el Diagnóstico Prenatal (1987), frente a un embarazo con problemas malformativos graves o fruto de una violación, o por peligro para la vida de la madre, se podía realizar una interrupción terapéutica del embarazo con la firma de dos médicos y el consentimiento de la madre”.

“Hoy todo está peor: se penaliza a la madre, al médico y al equipo de salud. Aumentan los embarazos adolescentes y el aborto sin atención especializada, por tanto, crecen las muertes maternas. Se esquivan estos temas de salud pública y su discusión, y cuando se tocan, se antepone la moral o la religiosidad, olvidando el mandato constitucional del laicismo. Quizá con el nuevo gobierno, gabinete y legisladores, nos encaminemos por rumbos más actualizados y progresistas”.

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