LA EDUCACIÓN EN LA ENCRUCIJADA

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columna de opinion

columna de opinionLA EDUCACIÓN EN LA ENCRUCIJADAruben farias

Los acontecimientos que se viven en el país y cuyos hechos son ya bastante conocidos, hacen pensar que no todo lo que se demostraba era realmente la realidad que, de manera reiterada, quienes gobernaron desde el advenimiento de la democracia pretendieron hacer creer.

La coalición de centro-izquierda focalizó su esfuerzo —a través de cinco gobiernos— en la recuperación de la Democracia, en el cambio constitucional y los efectos que debieran haberse producido. La coalición de derecha, por su parte, ha concentrado sus esfuerzos e intereses en dos administraciones —la última de los cuales, aún inconclusa— y han tratado de mantener lo heredado por la dictadura en su pretensión de continuar con lo que, según ellos, eran las bondades del sistema neoliberal de mercado.

Pero la realidad también posee otra versión. La insatisfacción ante los resultados logrados en estos últimos 28 años de retorno a la democracia, provocó en la población una profunda rebeldía que se ha expresado desde el 18 de octubre de 2019 y que ha cambiado la fisonomía del país. Las injusticias de todo tipo; los actos de corrupción descubiertos; las irracionales ambiciones de lucro por actividades relacionadas con la seguridad social y las pensiones de un significativo porcentaje de la población retiradas ya de sus responsabilidades laborales; la discriminación en educación, salud y justicia —tres ejes fundamentales en los que se basa el desarrollo de todo pueblo—, etc., se han constituido en los baluartes de un conflicto social muchas veces ocurrido en la historia del país aunque no con similar intensidad pero sí provocado por casi las mismas causas, pero ignorado y deliberadamente oculto al conocimiento público de antaño. En la actualidad, sin embargo, esto sería impensable. El incremento de los niveles tecnológicos de las comunicaciones y su calidad ha permitido que la ocurrencia de todo hecho sea casi instantáneamente conocida por el público en general y cuyas principales protagonistas son las redes sociales en sus variadas expresiones, tanto nacionales como internacionales.

Lo anterior significa, hasta ahora, sólo un crecimiento cuantitativo de medios y recursos que no expresan, necesariamente, su equivalencia en términos de calidad, objetividad y credibilidad de las informaciones, lo que, por cierto, constituye un serio riesgo de confundir y desorientar a la población.

Estos hechos fueron parcial y drásticamente interrumpidos por otro acontecimiento, pero esta vez de salud y de carácter mundial. En efecto, la pandemia, originada en la propagación del COVID 19 proveniente de otras latitudes que afecta gravemente a la humanidad también llegó a Chile, lo que ha obligado al gobierno a adoptar decisiones, obviamente no programadas en su agenda política. Dos grandes afectadas por esta situación, entre muchos otros que pueden considerarse, han sido la educación y la salud,. En ambos casos, ante esta desgracia se ha demostrando el grave error que ha significado debilitar la responsabilidad del Estado en materias de políticas públicas y subvalorado el compromiso y la importancia que ellas tienen en el fortalecimiento de todo proceso de desarrollo de la sociedad.

Frente a este estado de cosas, el gobierno busca soluciones, pero una vez encontradas, se enfrenta a la realidad de lo que han significado sus propias decisiones adoptadas con anterioridad,

En el caso de la educación, se ha recomendado recurrir al teletrabajo docente, es decir, a ejercer clases a distancia. Buena decisión, pero ¿se han preguntado realmente las autoridades sectoriales si en alguna parte de los programas de estudios vigentes —en los distintos niveles— se consulta acerca de esta modalidad que obviamente requiere de recursos tecnológicos y conocimiento básicos para hacerla efectiva? ¿Cuál ha sido el grado de práctica que los estudiantes de todo el país han tenido en condiciones de normalidad social para hacer uso de este procedimiento y aplicarlos en casos de emergencia como en el que actualmente se vive? Y los profesores ¿han sido suficientemente bien capacitados en el uso de tales recursos para atender a través de esta modalidad la cantidad de asistencia de participantes de cuya práctica se logre un adecuado nivel aprendizaje y comprensión de las materias?

Pese a lo anterior, y pensando en esta modalidad como una actividad que transitoriamente reemplace el estilo tradicional en educación –y sin que este sea necesariamente lo mejor que se tenga pues, obviamente, los tiempos actuales exigen cambios profundos en la orientación que significa formar a las personas– el teletrabajo puede ayudar a la actividad docente, pero difícilmente reemplazarla en su totalidad. No caben dudas que el uso masificado de los recursos tecnológicos desde el punto de vista de la cotidianeidad es ya un hecho relevante, cuya práctica ha influido en el gran avance técnico experimentado por la sociedad, pero también en la disociación de las relaciones sociales en sus diferentes niveles que, comenzando por la familia, ha transformado a la persona en un ser excesivamente individualista carente de responsabilidades y valores sociales. Cuando la relación interpersonal comienza a diluirse en la compleja trama de la vida, pero, simultáneamente y vía relación electrónica, la persona encuentra solución a sus problemas, la habitualidad de lo tradicional también comienza a perder sentido. Si todo puede hacerse a través de INTERNET y la virtualidad adquiere la relevancia de lo que antes fue la presencialidad, quiere decir que este progresivo cambio del que somos testigos y las nuevas generaciones sus protagonistas, sorprende y admira, pero también preocupa.

Una dimensión de lo humano, lo externo al ser y los recursos económicos con los que cuente, le permite satisfacer lo material: el placer, el poder, su narcisismo y cuyos efectos no son de mayor importancia para este tipo de personalidades. Pero la otra dimensión del mismo ser humano, lo interno y sus potencialidades, se están quedando sin apoyo, siendo esta, precisamente, la que más lo necesita: los sentimientos, las pasiones, los afectos, la disciplina, la inteligencia, la tolerancia, la fraternidad que bien se sintetizan en los ideales, los principios, los valores y las virtudes, pasan a ser los “parientes pobres” de la condición humana del presente y esto no es justo. ¿Cómo podrían defenderse, entonces? Quizás a través de renovados estilos educativos adecuados al tiempo que se vive, pero con proyección de futuro en sus propósitos y no solo para satisfacer el presente que siempre será transitorio. Aunque el proceso es largo en el tiempo, es importante comenzar ahora. La situación actual —producto de los acontecimientos que vivimos nacional e internacionalmente— están indicándonos que la sociedad y cada uno de nosotros estamos ubicado en un punto de partida que no se encontraba presente en agenda social alguna

¿Podrá entonces el teletrabajo enfrentar este desafío si desde la transitoriedad del uso tecnológico motivado por la emergencia ambiental y sanitaria que la Humanidad vive, se transforma en una opción generalizada sin atender oportunamente a nuestros propios “parientes pobres” con las consecuencias previsibles que pudieran obtenerse de no provocarse un cambio radical en nuestra propia cultura de vida?

Este sorpresivo punto de partida es inédito. Debe saber aprovecharse y para ello es necesario comprende la importancia del Estado en las nuevas definiciones de políticas públicas, por una parte, y comprender que la Educación no es un sector más de la organización republicana, sino el fundamento estratégico de su propio desarrollo, por otra. Y para ello, una visión de futuro es primordial.

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